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Autor de la obra

Stefan Zweig

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Ensayos

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Resumen del libro

<>. Aunque escritos en un lapso de tiempo de diez anos, no es por casualidad que reuno en un solo libro estos tres ensayos sobre Balzac, Dickens y Dostoievski. Con un proposito comun trato de mostrar a los tres grandes novelistas --y en mi opinion los unicos-- del siglo XIX como prototipos que precisamente por el contraste de sus personalidades se complementan y quizas elevan a forma clara y distinta el concepto de novelista, es decir, de forjador de mundos epicos. Cuando afirmo que Balzac, Dickens y Dostoievski son los unicos grandes novelistas del siglo xix, con esta prelacion no pretendo en absoluto ignorar la grandeza de ciertas obras de Goethe, Gottfried Keller, Stendhal, Flaubert, Tolstoi, Victor Hugo y otros, algunas de cuy as novelas, tomadas por separado, superan a veces en mucho a las de Balzac y Dickens. Por eso, creo que debo aclarar explicitamente mi profunda y firme conviccion de que existe una diferencia entre el autor de una novela y el novelista. Novelista, en el sentido mas elevado de la palabra, solo lo es el genio enciclopedico, el artista universal que --aqui la extension de la obra y la pletora de personajes se convierten en argumento-- construye todo un cosmos, que junto al mundo terrenal crea el suyo propio con sus propios modelos, sus propias leyes de gravitacion y su propio firmamento. Impregna tanto con su propio ser cada figura, cada acontecimiento, que no solo se vuelven tipicos para el, sino tambien meridianos para nosotros, con una fuerza que a menudo nos induce a poner su nombre a hechos y personas, de modo que, por ejemplo, decimos de alguien contemporaneo que es una figura balzaciana, un personaje dickensiano o un caracter dostoievskiano. Cada uno de estos artistas crea una ley de vida, un concepto de la vida, con la pletora de sus figuras, y los destaca con tanta armonia que gracias a el el mundo adopta una nueva forma. Y presentar en su unidad oculta esta ley interior, esta formacion de caracteres es el intento esencial de mi libro, cuy o subtitulo no escrito podria ser: << Psicologia del novelista>> . Cada uno de estos tres escritores tiene su propia esfera. Balzac, el mundo de la sociedad; Dickens, el mundo de la familia; Dostoievski, el mundo del Uno y del Todo. Comparando las tres esferas se ven sus diferencias, pero mi intencion no ha sido interpretar tales diferencias formulando juicios de valor o subrayar los elementos nacionales de un artista con simpatia o aversion. Todo gran creador es una unidad que encierra en si mismo sus fronteras y su peso segun sus propias medidas; toda obra tiene un solo peso especifico, que no es absoluto en la balanza de la justicia. Los tres ensay os presuponen un conocimiento de las obras: no pretenden ser una introduccion, sino sublimacion, condensacion, extracto.

Puesto que compendian, tienen que limitarse a dar mis impresiones personales. Lamento sobre todo esta insuficiencia necesaria en el ensayo sobre Dostoievski, cuy a medida infinita nunca se podra abarcar, como la de Goethe, con ninguna formula, por amplia que sea. Me hubiera gustado anadir a estas tres grandes figuras del frances, el ingles y el ruso, el retrato de un representante de las letras alemanas, uno de esos creadores de mundos epicos en el sentido elevado que doy a la palabra novelista. Pero no encuentro ni uno solo que ostente este rango tanto en el presente como en el pasado. Quiza la intencion de este libro sea reclamarlo para el futuro y saludarlo desde la distancia. Salzburgo, 1919 BALZAC Balzac nacio en 1799 en la Turena, la provincia de la abundancia, la alegre patria de Rabelais. Junio de 1799: la fecha merece ser repetida. Napoleon --al que el mundo, ya alarmado por sus hazanas, llama Bonaparte-- regreso de Egipto este mismo ano, mitad victorioso, mitad fugitivo. Habia luchado bajo un cielo extranjero, ante las piramides, testigos de piedra, y demasiado cansado para terminar con tenacidad una obra empezada grandiosamente, habia huido a escondidas en un pequeno barco, sorteando las corbetas de Nelson, que lo acechaban; unos dias despues de su regreso, reunio a un punado de fieles seguidores, barrio la Convencion, que se le oponia, y en un momento se hizo con el poder en Francia. 1799, el ano del nacimiento de Balzac, marca el comienzo del Imperio. El nuevo siglo ya no conoce al petit general, al aventurero corso, sino unicamente a Napoleon, emperador de Francia. Diez, quince anos mas tarde --los anos de adolescencia de Balzac--, sus manos avidas de poder abarcan media Europa, mientras sus ambiciosos suenos se extienden con alas de aguila sobre el mundo entero, de Oriente a Occidente. A una persona como Balzac, que vive con tanta intensidad el mundo que lo rodea, no podia dejarla indiferente la coincidencia de sus primeros dieciseis anos de vida con los dieciseis del Imperio, quiza la epoca mas fantastica de la historia universal. Pues las primeras experiencias y el destino, ?no son en realidad dos caras de una misma cosa? El hecho de que alguien, cualquiera, llegue a Paris de una isla cualquiera del azul Mediterraneo, sin amigos, sin oficio ni beneficio, sin fama ni dignidad, tome posesion del poder desenfrenado, lo sujete y lo lleve de la rienda, el hecho de que alguien, un extrano, completamente solo, se apodere de Paris sin ayuda de nadie, y luego de Francia y luego del mundo entero, ese capricho aventurero de la historia no llega a conocimiento de Balzac a traves de inverosimiles letras impresas entre leyendas e historias, sino que penetra lleno de color, a traves de sus sedientos y despiertos sentidos, en su vida personal con mil variopintos recuerdos y realidades que pueblan el mundo todavia virgen de su interior. Tales episodios se convertiran necesariamente en ejemplo.

El nino Balzac aprende tal vez a leer en las proclamas que con orgullo y en tono solemne y rudo, casi romano, narran las victorias en tierras lejanas; sus dedos infantiles recorren todavia torpes el mapa en que Francia se extiende poco a poco por Europa como un rio desbordado, siguiendo las marchas de los soldados de Napoleon, hoy a traves del monte Cenis, manana de Sierra Nevada, vadeando rios hacia Alemania, por la nieve hacia Rusia, por el mar ante Gibraltar, donde los ingleses prenden fuego a la flotilla con balas de canon incendiarias. Quiza los soldados han jugado con el en la calle durante el dia, soldados en cuyos rostros los cosacos habian escrito con sus sables las cicatrices que ostentaban; de noche, quiza ha sido despertado a menudo por el furioso tronar de los canones que se dirigen a Austria para romper la capa de hielo de la caballeria rusa en Austerlitz. Todos los anhelos infantiles han debido de reducirse a un nombre estimulante, un pensamiento, una idea: Napoleon. Ante el gran parque que desde Paris conduce al mundo, se levanta un arco de triunfo con los nombres grabados de las ciudades de medio mundo conquistadas, y !como ha debido de transformarse este sentimiento de poderio en una inmensa frustracion cuando, mas adelante, tropas extranjeras desfilaran con musicas y banderas bajo este orgulloso arco! Lo que ocurre fuera, en el agitado mundo, crece hacia dentro como una experiencia vivida. Pronto conoce la tremenda subversion de los valores, tanto los morales como los materiales. Ve como los asignados, que tenian asegurado un valor de cien o mil francos con el sello de la Republica, revolotean llevados por el viento como papel sin valor alguno. En las monedas de oro que se deslizan por su mano figura tan pronto el obeso perfil del rey decapitado como el gorro jacobino de la libertad, o el rostro romano del Consul, o Napoleon revestido de emperador. En una epoca de trastornos tan profundos, en que la moral, el dinero, la tierra, las ley es, las jerarquias, todo lo que durante siglos se ha contenido dentro de solidas barreras rezuma o se desborda, en una epoca de tamanos cambios nunca vividos, tuvo por fuerza que darse cuenta de la relatividad de todos los valores. El mundo que lo rodeaba era un torbellino y cuando su mirada mareada buscaba una orientacion, un simbolo, una estrella del norte por encima de esta encrespada agitacion, solo encontraba a Uno y al Mismo en medio de las vicisitudes: aquel del cual procedian esos miles de vaivenes y conmociones. Y aun a ese, a Napoleon, llego a conocer. Lo vio cabalgar en un desfile, con las criaturas engendradas por su voluntad: con Rustan, el mameluco; con Jose, al que regalo Espana; con Murat, al que dio Sicilia en propiedad; con Bernadotte, el traidor; con todos aquellos para los que acuno coronas y conquisto reinos, a los que el habia sacado de la nada de su pasado para elevarlos al esplendor del presente. En un segundo se grabo en la retina de Balzac una imagen viva y penetrante, mas grande que todos los ejemplos de la historia: !habia visto al gran conquistador del mundo! Y para un nino, ver a un conquistador, ?no es lo mismo que desear serlo tambien? Otros dos conquistadores descansaban tambien en este momento en dos lugares distintos: en Konigsberg, donde uno resolvia la confusion del mundo transformandola en una cosmovision, y en Weimar, donde un poeta poseia este mundo en su totalidad con no menos dominio que Napoleon con sus ejercitos. Pero estas conquistas fueron todavia durante mucho tiempo una meta lejana e inalcanzable para Balzac. El afan de no querer sino siempre el todo, nunca una parte, la avidez de aspirar a la plenitud universal, esta ambicion febril, la debe en primer lugar al ejemplo de Napoleon. Esta formidable voluntad universal no conoce todavia el camino que debe emprender de inmediato.

Balzac no se decide de momento por ninguna profesion. De haber nacido dos anos antes, a los dieciocho hubiera entrado en las filas de Napoleon, tal vez hubiera asaltado las alturas de la Belle Alliance, barridas por la metralla de los ingleses; pero a la historia universal no le gustan las repeticiones. Al cielo tempestuoso de la epoca napoleonica siguen dias estivales, templados, suaves y reposados. Bajo el reinado de Luis XVIII el sable se convierte en florete, el soldado en cortesano, el politico en discursista; ya no es el puno de la accion ni la oscura cornucopia del azar quien adjudica los altos cargos del Estado; son blancas manos femeninas las que distribuy en gracias y favores; la vida publica se cubre de arena y se aplana, las olas encrespadas de los acontecimientos se alisan hasta convertirse en un apacible estanque. Ya no es posible conquistar el mundo con las armas. Napoleon, ejemplo para algunos, es una disuasion para muchos. Y lo mismo el arte. Balzac empieza a escribir. Pero no, como los demas, para acaparar dinero, para divertir, para llenar los estantes de libros, para ser tema de conversaciones de bulevar; no ambiciona un baston de mariscal en la literatura, sino la corona de emperador. Empieza en una buhardilla. Escribe las primeras novelas con seudonimo, como para probar sus fuerzas. Todavia no es la guerra, sino solo un juego de guerra; todavia no es la batalla, solo son maniobras. Insatisfecho con el resultado, descontento del exito, arroja la pluma; durante tres o cuatro anos se dedica a otros oficios, trabaja de escribiente en un despacho de notario, observa, ve, penetra con su mirada el mundo y lo saborea, y luego empieza de nuevo. Pero ahora con aquella formidable voluntad que aspira al todo, con aquel empeno fanatico y gigantesco que desestima el detalle, el sintoma, el fenomeno, lo aforistico, para abarcar solo lo que gira en grandes oscilaciones y escuchar el misterioso engranaje de los impulsos primigenios. De la mezcolanza de los acontecimientos obtener los elementos puros; de la marana de numeros, la suma; del estruendo, la armonia; de la pletora de vida, la esencia; meter el mundo entero en su retorta, crearlo de nuevo, en raccourci, en una sintesis precisa, y, asi sometido, insuflarle vida con su propio aliento, guiarlo con sus propias manos: esta es ahora su meta.

Nada debe perderse de esta diversidad, y para reducir lo infinito a lo finito, lo inasequible a lo humanamente posible, solo existe un proceso: la compresion. Todos sus esfuerzos tienden a comprimir los fenomenos, a pasarlos por un tamiz en el que se queda todo lo que no es esencial y solo se filtran las formas puras, y luego a estrujar estas formas aisladas y dispersas en el rescoldo de sus manos, integrar esa enorme diversidad en un sistema claro y facil de comprender, como Linneo compendia los millones de plantas en un cuadro sinoptico o el quimico las innumerables composiciones en un punado de elementos: tal es su ambicion. Simplifica el mundo para luego domenarlo, y, una vez sometido, lo encierra en la grandiosa carcel de La comedia humana. Con este proceso de destilacion sus personajes se convierten en tipos, en compendios caracteristicos de una mayoria que una inusitada voluntad artistica ha depurado de todo lo superficial y accesorio. Estas pasiones rectilineas son las fuerzas motrices; estos tipos puros, los actores; y este mundo simplificado con decorados, los bastidores de La comedia humana. Balzac concentra introduciendo en la literatura el sistema administrativo centralizado. De la misma manera que Napoleon, convierte Francia en el recinto del mundo y Paris en su centro. Y dentro de este circulo, en el mismo Paris, traza otros circulos: la nobleza, el clero, los obreros, los poetas, los artistas, los sabios. Concentra cincuenta salones aristocraticos en uno solo, el de la duquesa de Cadignan; a cien banqueros en el baron de Nucingen; a todos los usureros en Gobsec; a todos los medicos en Horace Bianchon. Hace convivir a todas estas personas en una estrecha relacion, tratarse con frecuencia, enfrentarse con vehemencia. Alli donde la vida engendra mil variedades, el solo tiene una. No conoce tipos mixtos. Su mundo es mas pobre que la realidad, pero mas intenso, pues sus personajes son extractos, sus pasiones son elementos puros y sus tragedias, condensaciones. Como Napoleon, comienza con la conquista de Paris. Despues ocupa las provincias una tras otra --cada departamento envia en cierto modo su portavoz al parlamento de Balzac-- y luego, como el victorioso Consul Bonaparte, lanza sus tropas por todos los demas paises.

Se expande, manda a sus hombres a los fiordos de Noruega, a las llanuras arenosas y quemadas de Espana, bajo el cielo de color de fuego de Egipto, a los puentes helados del Beresina, a todas partes, y aun mas alla, llega su voluntad de conquistar el mundo, como la de su gran modelo. Y asi como Napoleon, descansando entre dos campanas, creo el Code civil, Balzac, descansando de la conquista del mundo en La comedia humana, crea un codigo moral del amor y del matrimonio, un tratado fundamental y, todavia con una sonrisa, traza sobre el meridiano de su gran obra el alegre arabesco de los Cuentos drolaticos. De la miseria mas profunda, de las chozas de los campesinos, sube a los palacios de Saint-Germain, entra en los aposentos de Napoleon: por todas partes rasga la cuarta pared y pone al descubierto los secretos de las habitaciones cerradas; descansa con los soldados en las tiendas de la Bretana, juega a la Bolsa, mira entre bastidores, observa el trabajo del sabio; no hay en el mundo rincon que no ilumine su llama magica. De dos a tres mil hombres forman su ejercito. En efecto, han aparecido como por arte de magia, han crecido de la palma de su mano, han salido de la nada, desnudos, y el los viste, les concede titulos y reinos; como Napoleon a sus mariscales, los vuelve a desposeer, juega con ellos, los azuza unos contra otros. Incontable es la multitud de acontecimientos, inmenso es el paisaje que se abre detras de ellos. Unica en la literatura moderna, como unico es Napoleon en la historia moderna, es esta conquista del mundo en La comedia humana, este contener entre dos manos la vida entera, compendiada. Pero el sueno infantil de Balzac era conquistar el mundo, y nada es mas fuerte que un intento temprano que se convierte en realidad. No en vano habia escrito bajo un retrato de Napoleon: << Ce quil na pu achever par lepee je laccomplirai par la plume>> . Y como el son sus heroes. Todos poseen el afan de conquistar el mundo. Una fuerza centripeta los lanza fuera de la provincia, de la patria chica, hacia Paris. Ahi esta su campo de batalla. Cincuenta mil jovenes, un ejercito, avanzan hacia la capital, con una fuerza virgen, todavia no puesta a prueba, con una energia confusa, deseosa de descargar, y aqui, en un espacio reducido, chocan entre si como proyectiles, se aniquilan, se empujan hacia la cumbre, se arrastran al abismo. Nadie tiene un puesto reservado.

Cada cual tiene que ganarse la tribuna de orador, y forjar ese metal flexible duro como el acero y que se llama juventud para convertirlo en un arma, concentrar sus energias en un explosivo. Balzac puede preciarse de haber sido el primero en demostrar que esta lucha en el seno de la civilizacion no es menos encarnizada que la de los campos de batalla: << Mis novelas burguesas son mas tragicas que vuestras tragedias>> , lanza a los romanticos. Pues lo primero que estos jovenes aprenden en los libros de Balzac es la ley de la implacabilidad. Saben que son demasiados y que tienen que devorarse --la imagen es de Vautrin, el favorito de Balzac-- como aranas en un tarro de cristal. Tienen que templar en el veneno ardiente de la experiencia las armas forjadas en la juventud. Solo el que sobrevive tiene razon. Vienen de los treinta y dos puntos de la rosa de los vientos como los sans-culottes del Gran Ejercito, se destrozan los zapatos camino de Paris, el polvo de las carreteras se les pega a la ropa y su garganta se abrasa con la terrible sed de placer. Y cuando miran a su alrededor en esta nueva y magica esfera de la elegancia, la riqueza y el poder, se dan cuenta de que, para conquistar esos palacios, esas mujeres y estos dominios, de nada les sirve lo poco que llevan consigo. Comprenden que, para poder aprovechar sus facultades, tienen que fundirlas de nuevo y transformar la juventud en tenacidad, la inteligencia en astucia, la confianza en perfidia, la belleza en vicio, la temeridad en hipocresia. Pues los heroes de Balzac son de lo mas codiciosos, aspiran a todo. Todos viven la misma aventura: un tilburi cruza veloz por delante de ellos, salpicandolos de lodo, el cochero esgrime el latigo; dentro del coche va una mujer joven, en su pelo brilla una joya. Una mirada pasa flotando como una rafaga de viento. Es seductora y hermosa, un simbolo de placer. Y todos los heroes de Balzac tienen un solo deseo en este momento: !Para mi esta mujer, el coche, los criados, la riqueza, Paris, el mundo! Los ha corrompido el ejemplo de Napoleon, para quien todo poder es venal y esta al alcance incluso del mas humilde. No luchan, como sus padres, por un vinedo en la provincia, por una prefectura o una herencia, sino por simbolos, por el poder, por subir hasta el circulo de luz en que brilla el sol imperial de la flor de lis y el oro se escurre entre los dedos como agua.

Y asi nacen aquellos grandes ambiciosos a los que Balzac atribuye musculos mas poderosos, elocuencia mas vehemente, impulsos mas energicos y una vida, aunque mas breve, mas intensa que a los demas. Son hombres cuyos suenos se hacen realidad, poetas que, como el dice, escriben en la materia de la vida. Dos caminos distintos se abren al caminante: uno para el genio, otro para el hombre vulgar. Cada cual debe encontrar el metodo propio de alcanzar el poder o aprender el de otros, el metodo de la sociedad. Caer mortiferamente como una bala de canon sobre los demas, que obstaculizan el camino entre el y el objetivo, o envenenarlos insidiosamente como la peste, aconseja Vautrin, el anarquista, el grandioso personaje predilecto de Balzac. En el Barrio Latino, donde el mismo Balzac habia comenzado en un pequeno cuartucho, se reunen tambien sus heroes, las formas primitivas de la vida social: Desplein, el estudiante de medicina; Rastignac, el arribista; Louis Lambert, el filosofo; Bridau, el pintor; Rubempre, el periodista; un cenaculo de jovenes no moldeados, caracteres puros y rudimentarios, y, sin embargo, son la vida entera agrupada alrededor de la mesa de la legendaria pension Vauquer. Mas luego, vertidos en la gran retorta de la vida, cocidos en el fuego de las pasiones y luego enfriados y solidificados en los desenganos, sometidos a las multiples acciones de la naturaleza social, a fricciones mecanicas, atracciones magneticas, disoluciones quimicas y descomposiciones moleculares, esos hombres se transforman, pierden su verdadero ser. El temible acido que se llama Paris disuelve a unos, los corroe, los segrega, los hace desaparecer, y en cambio cristaliza a otros, los endurece y petrifica. Se operan en ellos todos los procesos de cambio, tenido y ajuste, los elementos fusionados se convierten en nuevos conjuntos, y diez anos despues los que han quedado, los transformados, se saludan con sonrisas jactanciosas de inteligencia en el apogeo de la vida: Desplain, el famoso medico; Rastignac, el ministro; Bridau, el gran pintor, mientras la pesada rueda ha aplastado a Louis Lambert y a Rubempre. No en vano Balzac amaba la quimica y estudio la obra de Cuvier y de Lavoisier, pues en este multiple proceso de acciones y reacciones, de afinidades, repulsiones y atracciones, separaciones y concentraciones, disoluciones y cristalizaciones, en la simplificacion atomica de lo sintetizado, le parecia mas clara que en cualquier otro lugar la imagen de la estructura social. Para Balzac era un axioma el que toda pluralidad influia en la unidad no menos que la unidad en la pluralidad --una idea suya que el llamaba lamarquismo y que mas tarde Taine fijo en conceptos --, todo individuo era un producto formado por el clima, el medio, las costumbres, el azar, por todo aquello que lo afecta fatalmente, todo individuo absorbia su identidad de la atmosfera que lo envolvia para a su vez irradiar otra nueva: el axioma de que todo esta condicionado por el mundo interior y el exterior. Y dibujar esta impronta de lo organico en lo inorganico y las huellas de lo vivo en lo intelectivo, las acumulaciones de patrimonio espiritual momentaneo en el ser social, los productos de toda una epoca, era para Balzac la mision suprema del artista. Todo confluye, todas las fuerzas estan en suspenso y ninguna es libre. Un relativismo tan ilimitado niega toda continuidad, incluso la del caracter. Balzac siempre deja que sus personajes se formen a tenor de los acontecimientos, que se modelen como arcilla en manos del destino.

Incluso los nombres de sus personajes entranan el cambio y no la uniformidad. En veinte de sus libros encontramos al baron de Rastignac, par de Francia. Creemos conocer y a, por haberlo visto en la calle y en los salones o por haberlo leido en los periodicos, a ese arribista sin escrupulos, ese prototipo de hombre ambicioso parisino, brutal y despiadado, que se escurre como una anguila por los entresijos de las leyes y personifica magistralmente la moral de una sociedad degenerada. Pero hay un libro en el que vive tambien un Rastignac aristocrata joven y pobre a quien sus padres mandan a Paris con muchas esperanzas y poco dinero: un caracter blando, afable, comedido y sentimental. Y el libro narra como va a parar a la pension Vauquer, aquel pandemonium de personajes, una de esas sintesis geniales en que Balzac encierra entre cuatro paredes mal empapeladas toda la variedad de temperamentos y caracteres, y aqui ve la tragedia del desconocido rey Lear, el padre Goriot, ve como las princesitas de oropel del faubourg SaintGermain roban codiciosas al anciano padre, ve toda la infamia de la sociedad, desintegrada en una tragedia. Y luego, cuando finalmente va detras del feretro del que peco de demasiado bueno, con el unico cortejo de un mozo y una criada, cuando en un momento de colera ve a sus pies desde lo alto del Pere Lachaise el Paris amarillento de suciedad y turbio como una llaga purulenta, entonces conoce toda la sabiduria de la vida. En este momento oy e la voz de Vautrin, el presidiario, que resuena en sus oidos, escucha su teoria de que hay que tratar a los hombres como a bestias de carga, arrearlos delante de los carros y luego, una vez llegados a su destino, dejarlos reventar; en este momento se convierte en el baron de Rastignac de los otros libros, en el arribista inexorable y sin escrupulos, el par de Paris. Y este singular segundo en la encrucijada de la vida lo experimentan todos los heroes de Balzac. Todos se convierten en soldados en la guerra de todos contra todos, se lanzan hacia delante, y el camino de unos pasa por encima de los cadaveres de los otros. Balzac ensena que todos tienen su Rubicon, su Waterloo, que se libran las mismas batallas en palacios, cabanas y tabernas, y que bajo ropas andrajosas los mismos impulsos mueven a sacerdotes, medicos, soldados y abogados; esto lo sabe su Vautrin, el anarquista, que representa el papel de todos y aparece en los libros de Balzac con diez disfraces y, sin embargo, siendo siempre el mismo y con la conciencia de serlo. Bajo la superficie nivelada de la vida moderna siguen minandola las luchas subterraneas, pues la ambicion interior contrarresta la uniformidad exterior. Puesto que no hay lugar reservado a nadie, como antes al rey, a la nobleza o a los sacerdotes, y todo el mundo tiene derecho a todo, hasta tales extremos se decuplican los esfuerzos. La reduccion de las posibilidades se manifiesta en la vida como multiplicacion de las energias. Precisamente esta lucha asesina y suicida de las energias es lo que estimula a Balzac. Pone toda su pasion en describir la energia dirigida hacia un fin como expresion de la voluntad consciente de vivir, no en sus efectos, sino en si misma.

Le es indiferente que sea buena o mala, resulte eficaz o se derroche, con tal que sea intensa. La intensidad, la voluntad, lo es todo, porque dependen del hombre; el exito y la fama no son nada, pues es el azar quien los decide. El ladronzuelo que, miedoso, hace desaparecer en la manga un pan del mostrador de la panaderia es aburrido; el gran ladron, el profesional que roba no solo por provecho, sino tambien por pasion y cuya vida entera cobra sentido en el concepto de apropiacion, este es grandioso. Medir los efectos, los hechos, es tarea del historiador; poner al descubierto las causas, las intensidades, es para Balzac mision del escritor. Porque solo es tragica la fuerza que no alcanza la meta. Balzac describe a los heros oublies; para el en cada epoca no existe un solo Napoleon, no existe el de los historiadores solamente, el que conquisto el mundo entre 1796 y 1815, sino que conoce a cuatro o cinco mas. El primero cay o quizas en Marengo y se llamaba Desaix; el segundo quiza fue enviado a Egipto por el Napoleon real, lejos de los grandes acontecimientos; el tercero sufrio quiza la tragedia mas terrible: era Napoleon y nunca piso un campo de batalla, se vio obligado a recluirse en un rincon de provincias en vez de convertirse en torrente, pero tuvo que gastar no menos energias, aunque fuera en cosas pequenas. Y cita a mujeres que por su pasion y su belleza hubieran llegado a ser famosas entre las reinas soles y cuyos nombres hubieran sonado como los de la Pompadour o Diana de Poitiers; habla de escritores que fracasan por la adversidad de un momento, por delante de cuyos nombres la fama pasa de largo y a los que otro escritor debera reconocersela. Sabe que cada segundo de vida derrocha inutilmente una cantidad enorme de energia. Sabe que la provinciana sentimental Eugenie Grandet, en el momento que, temblando ante el tacano padre, entrega a su primo la bolsa de dinero, no es menos valiente que Juana de Arco, cuy as estatuas de marmol lucen en todas las plazas mayores de Francia. Los exitos no pueden ofuscar ni enganar al biografo de innumerables carreras que ha descompuesto quimicamente todos los afeites y pociones del impulso por ascender en la escala social. El ojo insobornable de Balzac, que unicamente acecha a las energias, solo ve en el torbellino de los hechos el esfuerzo por vivir; del tumulto del Beresina, donde el ejercito derrotado de Napoleon se precipita al rio por el puente, donde la desesperacion, la bajeza y el heroismo de escenas descritas cien veces se comprimen en un segundo, entresaca a los grandes y verdaderos heroes: los cuarenta zapadores cuy os nombres nadie conoce y que pasaron tres dias hundidos hasta el pecho en el agua helada, llena de tempanos, para construir el vacilante puente por el que se puso a salvo la mitad del ejercito. Sabe que tras los velados cristales de Paris cada segundo ocurren tragedias no menos considerables que la muerte de Julia, el fin de Wallenstein o la desesperacion de Lear, y una y otra vez repite con orgullo: << Mis novelas burguesas son mas tragicas que vuestros dramas tragicos>> . Pues su romanticismo mira hacia el interior. Su Vautrin, que viste de burgues, no es menos grandioso que el campanero de Notre Dame con sus cascabeles, el Quasimodo de Victor Hugo; los rigidos paisajes rocosos del alma, la marana de pasiones y ambiciones en el corazon de sus grandes arribistas, no son menos espantosos que la horrible gruta de Han de Islandia.

Balzac busca lo grandioso no en el cortinaje, ni en la perspectiva historica o exotica, sino en lo superdimensional, en la acrecentada intensidad de un sentimiento unico en su unicidad. Sabe que todo sentimiento carece de importancia si no permanece inquebrantable en su fuerza, que ningun hombre es grande sino cuando se concentra en una meta, cuando no se desperdicia ni disipa en apetitos aislados, cuando su pasion absorbe la savia destinada a todos los demas sentimientos, cuando se hace fuerte con la rapina y la crueldad, como una rama que florece con doble pujanza cuando el jardinero corta o estrangula las ramas gemelas. Ha descrito a esos monomaniacos de la pasion que conciben el mundo en un unico simbolo, fijandose un sentido en el enmaranado corro. Una especie de mecanica de las pasiones es el axioma fundamental de su energetica: la creencia de que toda vida consume la misma cantidad de fuerza, independientemente de las ilusiones en que se derrochan los afanes, tanto si los dispersa lentamente en mil estimulos como si los reserva parcamente para repentinos y arrebatados extasis, tanto si el fuego de la vida se consume en lenta combustion como en una explosion. Quien vive mas deprisa no vive menos tiempo; la vida uniforme no es menos variada. Para una obra que solo pretende describir tipos, analizar elementos puros, unicamente son importantes esos monomaniacos. Los hombres flojos no interesan a Balzac, solo aquellos que son completamente algo, que se aferran a una ilusion de la vida con todos los nervios, todos los musculos y todos los pensamientos; sea la que sea: el amor, el arte, la codicia, la entrega, la intrepidez, la pereza, la politica o la amistad. A cualquier simbolo que les venga en gusto, pero totalmente. Estos hommes a passion, estos fanaticos de una religion creada por ellos mismos, no miran a derecha ni a izquierda. Hablan diferentes lenguas entre si y no se entienden. Ofreced una mujer, la mas hermosa del mundo, al coleccionista: no reparara en ella; al amante una carrera: la menospreciara; al avaro algo que no sea dinero: no levantara los ojos de su cofre. Pero si se dejan tentar, si abandonan una pasion predilecta por otra, estan perdidos. Pues los musculos que no se utilizan se atrofian, los anhelos que durante anos no se enardecen se anquilosan y quien durante su vida fue un virtuoso de una sola pasion, atleta de un solo sentimiento, es chapucero y flojo en cualquier otro campo. Todo sentimiento instigado a convertirse en monomania somete a los demas, les roba el agua y los deja marchitarse: pero absorbe todas sus cualidades excitantes .

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