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LIBRO POR ESOS RECUERDOS PDF GRATIS

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Autor de la obra

Vanesa Serna Martinez

Este autor, VANESA SERNA MARTINEZ , es reconocido dentro de esta rama sobre todo porque tiene más de un libro por los que es reconocido a nivel nacional, pero asimismo fuera de nuestras fronteras.

Es un gran conocedor de la temática, por eso entre los géneros literarios que normalmente acostumbra escribir está/n 2019 LITERATURA Y FICCION ROMANTICA .

¿A qué categoría/s pertenece esta obra?

Esta obra puede clasificarse en cantidad de categorías, pero una de las más esencial es:
2019 LITERATURA Y FICCION ROMANTICA

Poco a poco más gente están decidiéndose por leer estos géneros, en los últimos años, el número de personas que adquiere libros que tienen mucha relación con estas categorías ha crecido considerablemente, hasta llegar a convertirse en uno de los géneros con más número de ventas en el mundo, y por eso mismo imaginamos que tienes interés en descargar de forma gratuita el libro.

POR ESOS RECUERDOS ha alcanzado llamar la atención en muchos de estos géneros y se han transformado en un libro referente en alguna de ellas, debido en gran parte a la enorme experiencia de este escritor, como ya conoceréis, es un redactor muy popular en estos géneros.

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Nota de los lectores

Este libro posee una puntuación puesta por personas entendidas, la nota de este libro es: 7,5/10.

Todo el mundo que han puesto nota esta obra son profesionales de este género y han leído POR ESOS RECUERDOS online antes de dar su opinión, de esta manera, estamos 100 % seguros de que esta valoración es la idónea y por esta razón se la ofrecemos.

Resumen de POR ESOS RECUERDOS

Ahora te ofrecemos un interesante fragmento para que puedas conocer más sobre el libro antes de adquirir POR ESOS RECUERDOS

?Existe algo peor que despertar en la manana y darse cuenta lo ingenuo que fuiste al dejar ir la unica persona capaz de amarte con todas tus virtudes y defectos? ?Aquella que generaba dragoncitos en tu interior?Nathaniel, Joshua y Katherine, son tres ex amigos que les fue arrebatada la oportunidad de amar por sus malas decisiones, por no saber aprovechar lo que tuvieron al frente. Noche tras noche evocaban el pasado, recuerdos que ninguno de los tres ha sido capaz de enjaular, pues cuando ellos te entregaban felicidad plena, olvidar es lo ultimo que podian hacer.Los anos transcurrieron frente a sus ojos y ninguno se ha vuelto a dirigir la palabra. No obstante, sus caminos vuelven a cruzarse en la reunion de la preparatoria, una que desatara miles de sensaciones, de experiencias. Es ahi donde se daran cuenta lo mucho que perdieron por sus constantes estupideces.

Más información sobre el libro

Puedes encontrar más para descargar por esos recuerdos frases

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Resumen del libro

Sentado en mi despacho mientras observaba las estrellas brillar en el cielo, los helicopteros pasar, la gente caminar por las calles aglomeradas, me di cuenta lo estupido e ingenuo que fui al permitir que su presencia se resbalara de mis manos como agua. Debi saber que una vez alejandome seria imposible borrar tanto recuerdo a su lado, que ya no podria recuperar el tiempo perdido pues si yo fuera ella, no me perdonaria ni volviendo a nacer. Noche tras noche evocaba sus caricias, sus besos y sonrisas, pero nada de eso tenia sentido cuando sabia que al abrir los ojos y viera al otro lado de la cama en la madrugada esta estaria vacia, solitaria, fria sin el calor del otro cuerpo calentando las sabanas. Era una triste realidad que debia asumir, pero, mas que nada, intentar borrar. Solo asi podria recuperar mi paz mental y emocional que tanto ansiaba. No era que su recuerdo fuera amargo, al contrario, recordarla me hacia darme cuenta de que aun contaba con un corazon capaz de sentir, de latir por razones distintas al amor. Sin embargo, mi unica mision a estas alturas era hacer todo lo posible por olvidar, por conciliar esa tranquilidad arrebatada que tanto dano me habia causado desde que tenia memoria. Con mis dedos pulgar e indice frote el puente de mi nariz en un intento de apaciguarme. La semana habia estado ajetreada, complicada debido al trabajo acumulado por mis vacaciones con Nicolas a otros estados de la republica. Sin embargo, recordar su sonrisa al fotografiar cada lugar que visitabamos, la gastronomia deliciosa que engulliamos, junto con los juegos mecanicos de la feria a los cuales nos subimos, me hacia entender que debia estar bien para el, que todo el trabajo acumulado valia la pena pues al final de cuentas yo era su padre y como tal, debia poner el ejemplo. Debia sonreir, y mi trabajo no seria obstaculo para ello, mucho menos unos recuerdos que ya eran pasado. Un foquito rojo encendiendose en mi celular llamo mi atencion. Lo cogi del escritorio y abri el mensaje. Era el. Mi boca cayo abierta cuando lei eso.

Desde que regresamos de nuestro viaje por el oeste de Mexico, Nicolas habia estado de necio en querer preparar el pastel que probamos en una excursion por Nayarit, y, a decir verdad, no pense que fuera capaz de hacerlo tan pronto, digo, era bueno en muchas cosas, mas cuando se trataba de paisajes y camaras, ?pero en la cocina? Eso era nuevo y de alguna manera me enorgullecia e intrigaba sobremanera. Mi hijo era toda una cajita de sorpresas. Solte la carcajada. Cuando Nicolas se proponia algo no descansaba hasta lograrlo. Era muy perfeccionista con todo, hasta sus calcetines los tenia ordenados por colores y estilos, igual sus playeras y pantalones, eso era algo que me recordaba mucho a mi querido amigo Christian. Una vez que lei su mensaje y vi la hora en mi computador, decidi que era hora de regresar a casa para probar ese delicioso manjar que preparo, a ver si era cierto que le quedo identico. Cogi mi saco del perchero negro, guarde mi celular en el bolsillo trasero del pantalon negro y, tomando las llaves del escritorio, sali por los oscuros pasillos de la empresa, sintiendome un poco mas relajado, menos tenso. Siempre sucedia esto cuando tenia conversacion con el, me relajaba y me hacia mantener los pies sobre la tierra, sobre todo, me hacia entender que no todo estaba perdido, que aun despues de la tormenta podia encontrar un arcoiris, la calma, ese sosiego tan dulce envolverme entero. A lo lejos pude ver como el elevador marcaba el numero cinco, justo el piso donde estaba. Resople. ?Ahora que habia olvidado Naomi? Esa chica era algo torpe, pero eficiente en su trabajo. Sonrei al recordar sus ojos rasgados mirarme arrepentidos la primera vez que topamos. Yo acababa de salir de una reunion mega extensa pues esa semana teniamos que publicar la revista de vinos, lo que tenia a todos en el departamento editorial vueltos locos al igual que el jefe superior. Entonces, mientras leia algo en mi movil, abri la puerta bruscamente y cuando menos lo pense, una chica de cabello negro lacio cayo entre mis brazos. --Lo siento mucho, senor --murmuro en mi pecho puesto que su rostro termino hundido en el.

Reprimi una carcajada. --No te disculpes, los accidentes pasan, ademas, fui yo quien abrio la puerta asi --dije bajando la mirada hacia ella. Si mis calculos no fallaban, debia de medir algun metro sesenta o menos. Realmente era bajita. Si, sonaba cliche el asunto, pero asi sucedio, ademas, desde ese dia supe que la chica trabajaria para la empresa y no tenia problema con eso, era agradable platicar con ella, siempre sacaba temas raros los cuales me entretenian. Entonces agradeci a mi jefe por contratarla, por lo menos ya contaba con una excusa para llegar temprano al trabajo. Cuando las puertas del elevador se abrieron, una silueta bajita salio fuera. En efecto era ella, no me equivoque. Su melena estaba desordenada como de costumbre, ya no portaba la falda ajustada que marcaba el reglamento ni tampoco esa playera blanca de manga larga que la hacia parecer sardina mal enlatada, en cambio, unos shorts holgados empanaban su figura exquisita, y una blusa color durazno de tirantes escondian su diminuta cintura y pecho. Lucia sencilla, pero preciosa. --!?Podre ser mas torpe?! --la escuche decirse mientras caminaba como alma que se lleva el diablo por el pasillo, lo peor de todo era que no se percato de mi presencia, de hecho, casi nunca lo hacia y a veces era frustrante. ?Tan mal me veia con mi cabello rizado largo hecho un mono? ?O es que tenia novio y no queria ganarse problemas? No la comprendia en lo absoluto. Nao entro a su oficina azotando cosas, al parecer buscaba algo importante. No quise intervenir en sus planes, asi que mejor continue mi camino al elevador y pulse el numero uno. Cerre los ojos y deje salir un enorme suspiro.

Entonces, un vidrio estrellarse me hizo abrir los ojos de a golpe y poner un pie fuera del elevador. Corri a su oficina, asustado. --Mierda, Naomi, !?que hiciste?! --solte al ver un enorme pedazo de vidrio clavado en su rodilla. Ella me observo con lagrimas en los ojos, su pecho subia y bajaba con dificultad. ?Que demonios hizo para triturar su escritorio? --Y-y-yo bu-buscaba mis llaves y resbale con un periodico... --explico apuntando el pedazo de papel arrugado a unos centimetros de ella. Negue con la cabeza, incredulo a lo que veia. Confirmado, no existia nadie, pero nadie mas torpe que ella, y por alguna razon, eso era algo que me encantaba. Me acerque cauteloso, procurando no pisar ningun vidrio roto pues lo que menos queria era salir tambien lastimado. Cuando estuve a unos centimetros de su cuerpo, flexione ambas rodillas para quedar a su altura. La pelinegra me observo con ojos empanados por el liquido salado que derramo y, como si se tratase de un bebe indefenso, extendio sus brazos flacuchos en mi direccion, como dandome a entender que la cargara. No le negue ese privilegio. Su nariz termino hundida en la curva de mi cuello y no pude sentirme mas incomodo y acalorado. Esa zona era mi punto debil, tan solo un roce o algo me prendia peor que una fogata incluso a mis treinta y un anos. Conte hasta el numero diez con lentitud mientras llegabamos a mi oficina donde procuraba guardar un kit de primeros auxilios por eso de las dudas, uno nunca sabia cuando podria ocuparlo, hasta un corte con alguna hoja de papel podia ser mortal. Una vez dentro de mi guarida la recoste con delicadeza sobre el sofa grisaceo de piel que me traje de mi casa.

Rapidamente busque lo necesario y pronto me sente en alguna silla giratoria para curar su herida que no lucia para nada bonita, incluso me dio escalofrios. No era muy fanatico de la sangre. Pero me aguante. Sus quejidos resonaron por las cuatro paredes cuando el agua oxigenada cubrio gran parte de la rodilla, pero mas cuando con unas pinzas especiales para estos asuntos saque el pedazo de vidrio que se habia incrustado como espada horizontal dentro de su piel. Rapidamente coloque una torunda con alcohol para evitar el sangrado y respire hondo. Naomi pataleo, grito, maldijo a medio mundo y eso solo empeoro las cosas. La pobre chica lloraba sin control, decia querer a su mama a su lado, a su gato, y las ganas de querer reirme incrementaron con cada segundo. Que cruel era, pero ella tenia la culpa por ser tan nina. --Se que quiere reirse, solo hagalo --reviro bajito, hipeando, ocultando su rostro con una almohada. En mis labios se formo una sonrisa. --Eso seria de muy mala educacion --espete neutral, viendo su rodilla--, ademas, a cualquiera le pudo haber sucedido. Mejor relajese que ya casi termino, por lo menos hasta que la llevemos al doctor. Su cuerpo se tenso. --?Di-dijo doctor? --una de sus manos apretujo mi brazo. Mis ojos se posaron en su rostro palido, aterrorizado.

Frunci el entrecejo. --Si, dije doctor senorita Takahashi, pues debido a que el vidrio entro muy profundo en su piel, es posible que requiera operacion --le informe, solo asi seria capaz de obedecer. --Prometa que estara a mi lado --pidio y asenti. Cuarenta minutos despues me encontraba sosteniendo la mano de ella mientras un doctor suturaba su rodilla lastimada. Dijo que no era necesario llevarla al quirofano por una cortadita asi, por lo tanto, solo utilizaron anestesia local para dormir el pedazo y no el cuerpo entero como profeso ella. Gracias al cielo me equivoque en mi hipotesis. Naomi mantuvo los ojos cerrados y mi mano bien apretada con la suya, juraba que si no me liberaba en los proximos minutos esta se tornaria a un color ciruela y el que ocuparia cirugia de verdad seria yo. --Ya casi acabamos, Nao --informo el doctor, dando las ultimas puntadas. Vi sus hombros caer, su pecho desinflarse. --No me dolera, ?verdad? --pregunto afligida, absorbiendo por la nariz. El doctor rio y encontro mis ojos. Yo lo incite a que continuara. --En una semana estaras como nueva, eso si, nada de correr ni de esforzarse mucho, ?entendido? Tuviste mucha suerte de que el vidrio no fuera mas alla de la piel. Dicho eso, dejo a un lado la aguja, dio algunas indicaciones a una enfermera y salio del cuarto dejandonos solos. --Ya escuchaste, en una semana estaras como nueva si sigues lo que te dijo --murmure con informalidad, sentandome en una esquina de la camilla.

Sus ojos oscuros y rasgados me encontraron y, por primera vez desde hace mucho, me senti nervioso. Muy nervioso. Sin embargo, me los trague, no era momento para eso. --Muchas gracias por traerme aqui, senor Gray. Prometo tener mas cuidado. Esboce una sonrisa, aliviado. --Eso espero, porque la verdad estaria en un grave problema si decide abandonarme. Es eficiente, dedicada, organizada; personas como usted hacen falta en la editorial --sus mejillas enrojecieron. Mierda, creo que le acababa de declarar algo mas que mi admiracion por ella. Aparte la vista a cualquier lado menos a su rostro. --Y-yo... eh... !Gracias! Despues de dejarla sana y salva en su apartamento, y de que pasara a beberme algunos tragos para olvidar la babosada que habia dicho, al bar que Rodrigo puso aqui, llegue a mi hogar para encontrarme con mi hijo viendo The Walking Dead; nuestra serie favorita. --Pense que no llegarias --solto Nicolas, bajandole volumen al televisor. Me despoje de mi saco, corbata y zapatos. Segundos despues estaba sentado a su lado, alborotandole su cabello rubio con algunos mechones negros. --Tuve un pequeno inconveniente, campeon --explique, evocando el aroma a mandarina que desprendia aquella mujer, el aroma que de seguro se quedo impregnado en mi coche--.

Mejor dime, ?donde esta mi rebanada de pastel, eh? Se me hace agua la boca con solo pensarlo. Nicolas esbozo una sonrisa. --?Ya compraste las entradas para el museo? --cuestiono bailando sus cejas. Solte una carcajada. Algo me decia que esa rebanada me costaria un ojo de la cara, pero no importaba. --Nope --le saque la lengua--, pero si me traes la rebanada con esa agua de horchata que hice en la manana, ahora mismo los compro. Dicho esto, el rubio salio disparado a la cocina para traerme lo pedido, mientras tanto yo me dedique a buscar las entradas para el fin de semana en mi movil. Con tal de verlo sonreir era capaz de hacer cualquier cosa. El lo valia. Por la manana desperte mas temprano de lo usual, por lo que deje el desayuno preparado para mi hijo y sali a comprar unas donas glaseadas que vendian en la gasolinera mas cercana. No supe como estuvo todo, pero me vi comprando un paquete grande y dos cafes. Conduje hasta el departamento de Naomi y toque su puerta. Me senti nervioso, fuera de mi, y mas confundido que una ardilla persiguiendo una nuez. La asiatica abrio la puerta luciendo toda desalinada, llevaba ropa holgada, el cabello amarrado en una coleta alta y bajo sus ojos lucia diminutas ojeras. En automatico me senti culpable por interrumpirla.

El doctor habia recomendado reposo, pero aqui estaba, chupandole las energias con mis imprudencias. --Buenos dias senor Gray --saludo haciendo reverencia, a lo que imite pues sabia que los de su cultura tenian una manera distinta de saludar a nosotros. --Espero no haberla despertado Takahashi --solte sonriente, preguntandole con la mirada si podia pasar. Ella asintio sin mucha oposicion--. Traje donas y cafe, ojala sean de su agrado. La verdad son las mas deliciosas de la ciudad y el cafe ni se diga. Naomi se me quedo viendo petrificada en cuanto cruce el umbral de su puerta. No comprendi bien, ?acaso ella debia entrar primero que yo? ?Debi hacer alguna otra reverenda a su Dios? No sabia, pero cuando con sus dedos me senalo los zapatos, comprendi mi segundo error. Apenado, deje los zapatos en un lado y, utilizando solo calcetines, me introduje a la acogedora sala de estar que tenia una pequena mesita de madera con incienso y algunos cojines regados por el piso tapizado en madera brillante. Nada de televisores, jarrones, ni cuadros, solo eso. --Tome asiento --musito neutral, poniendose de cuclillas con demasiado cuidado para despues sentarse a lo indio, con ambas piernas cruzadas. Sus manos descansaron en sus muslos. Coloque el desayuno sobre la mesita y no pude evitar preguntarme si no le doleria hacer eso puesto que la noche anterior la suturaron. No obstante, me abstuve de querer saber todo a detalle y solo pregunte lo obvio. --?Durmio bien? --Si, supongo.

Es la primera noche que logro dormir diez horas sin levantarme al bano. Aunque aun no me explico mis pocas ojeras --compartio mas animada, abriendo la caja y sacando una dona. Se la llevo a la boca para darle una tremenda mordida que casi se la acabo. Suprimi una risita. --!Eso es perfecto entonces! Lo que resto del desayuno improvisado conversamos sobre trabajo, especialmente el libro nuevo que estaba escribiendo y revelandole algunos detalles que ni el mismo jefe sabia. Obviamente recibi muchos elogios y hasta algunos consejillos que podrian mejorar mi escritura, asi que no desaproveche nada. Cuando terminamos decidi que era hora de partir pues necesitaba que firmar unos papeles en el departamento legal en la editorial. Al menos hice media hora de camino. Firme todo, hable unas cosas con los de contaduria y regrese a mi casa para tomarme el dia. Lo bueno de redactar un libro y editarlo era que podia trabajar desde cualquier lugar, no era necesario ir a la editorial todos los dias, solo cuando hubiera alguna junta o exposicion. Asi que la mayoria de las veces me la pasaba aqui, encerrado en mi lugar, rodeado de la naturaleza que me idiotizaba. A eso de las tres de la tarde termine una seccion mas sobre mi tema, asi que decidi que tomar una ducha caliente para desentumir los musculos seria de gran ayuda. Camine hasta mi habitacion, agarre una playera holgada, unos shorts, unos boxers verdes y mi toalla, y me dirigi al bano que se encontraba en el cuarto de la lavada. Quite mi ropa con apuro y pronto ya me encontraba bajo el chorro tibio disfrutando de las gotas deslizar por cada extremidad. Recargue la frente sobre el mosaico y de repente mis recuerdos comenzaron a salir a flote, provocandome una opresion maquiavelica en mi interior.

Intente alejarlos, pero cuando menos lo pense, sus ojitos color miel, su risa, sonrisa, su cabello rojo aquel primer dia de clases en el colegio, me derrumbo. Poco a poco me fui deslizando hasta topar con el piso, ahi hundi mi cabeza entre mis rodillas y comence a sollozar, a sacar todo ese maldito dolor que se empecinaba en aniquilarme, en dejarme en claro que por mas que pasaran los anos seguiria atrapado en el pasado, evocando caricias que nunca sucedieron, besos que jamas senti. Por mas que me decia que fue mi culpa, que estaba asi por mis tontas decisiones, mi corazon testarudo, mi mente alocada no entendian razon. Ya no sabia que hacer, ni que excusa buscar para obviar lo que sentia clavado como una estaca. El trabajo ayudaba un poco, pero cuando no hacia nada esto pasaba. Y realmente era patetico ponerse a pensar que pude haber tenido la felicidad en mis manos, pero lo deje ir por cobarde. Me puse de pie por enesima vez, limpie las lagrimas y eleve el rostro en direccion al grifo. Habia tenido suficiente, algo necesitaba hacer para brindarle paz a mi interior agrietado. !Algo! ?Pero que? Cuando sali de la ducha me senti mas liberado, era como si sacar lagrimas ayudara un poquito a menguar las penas. Me hice algo ligero para comer y sali nuevamente a la calle, pero esta vez para buscar la camara que Nico habia visto. Por fortuna el local aun la tenia, y eso me hizo sentir bien. No dude en comprarla y pedirle al senor que me la envolviera en una caja de regalo. Vague por minutos interminables dentro de ese centro comercial, disfrutando de los sonidos ensordecedores de la musica mezclarse con el de las personas, de los olores exquisitos que captaba mi olfato cada que pasaba por un local de comida. Habia mucha gente, incluso un show de payasos animando a ninos. Todo era perfecto, con un aura capaz de quitarme algunos gramos de lamento de encima.

Me detuve en un local de gustitos mexicanos y pedi cinco sopes con frijoles, crema, repollo y tomate. El haber comido en casa no fue suficiente. Recorri el local hasta encontrar una mesa perfecta, y no pude sentirme mas complacido, sobre todo porque desde donde estaba podia vislumbrar los rostros de aquellos ninos que vi antes de entrar. Reian sin retraerse, en sus caritas estaba ese rubor inocente, ese brillo que muchas veces le falto a mi hijo. Juntaban sus manitas con frenesi, aplaudiendo a lo que hacian esos animadores, algunos movian sus globos de izquierda a derecha y entonces comprendi que ser nino es la etapa mas maravillosa del ser humano. Eres feliz con cualquier cosa, no tienes que lidiar con los dramas adultos ni reproches, mucho menos con los problemas de la sociedad. Comes golosinas a todas horas, juegas, te diviertes, sonries, gozas... Si pudiera pedir un deseo seria justamente eso, ser un nino otra vez. Tendria a mi familia conmigo, mi papa no seria un insolente que me odiara, mama prepararia mis comidas, Andrea estaria cuidandome y, lo mejor, mis amigos, todos y cada uno de ellos, estarian a mi lado compartiendo momentos, recuerdos. Una lagrima testaruda escapo de mi ojo derecho y rapidamente aparte la vista del cristal, solo me hacia dano al desear algo que no era posible. Esta era mi realidad: unos padres desentendidos, amistades a distancia, sin el amor de una mujer... --Aqui tiene su comida, senor. !Provecho! Comi en silencio, vagando por mis redes sociales, de vez en cuando respondiendo algun mensaje pendiente. Entonces una publicacion me hizo tragarme mi alimento de a golpe. Le di un sorbo a mi refresco gaseoso. Con rapidez apague mi telefono e intente estabilizar mi corazon, de pronto este se acelero a tal grado de sentir punzaciones en mis orejas. Termine los sopes apresurado, pague sin detenerme a tomar el cambio y sali casi corriendo con el obsequio de mi hijo aferrado al pecho.

Subi a la camioneta, estaba temblando, sudando frio, un monton de imagenes aparecieron en mi mente como pelicula, haciendome echar la cabeza hacia atras al momento que un grito gutural escapaba de mi boca. !No podia ser cierto! Maneje todo alterado a mi casa, ni siquiera me importo pasarme las luces rojas o atropellar a algun cristiano, de lo unico que era consciente es que necesitaba corroborar lo que habia leido. Y mi laptop ayudaria con ello. Cuando estuve aparcado en la cochera, baje casi a tumbos, logre entrar a como pude a mi sala de estar y entonces mis ojos captaron un sobre manila sobre la mesita de madera que usualmente tenia revistas o libros. No necesite acercarme lo suficiente para saber que asunto podria tener, mi corazon y sentidos me lo confirmaron. --?Papa? ?Te sientes bien? --preguntaron de la nada, haciendome girar con brusquedad y tropezar con mis zapatos. Cai de senton en la alfombra. Nicolas se acerco con rapidez para ayudarme. --De maravilla... --logre musitar, aun con la vista en la mesa. Trague saliva. --Pues no parece, estas palido, tienes ojeras y pareces muy descolocado. Anda, vamos a recostarte --no discuti con el y mejor le hice caso, total, tanto torbellino de emociones en tan poco tiempo me tenia sin habla, con movimientos incongruentes y torpes. En cuanto mi cabeza toco la almohada plana me perdi en el paraiso de los suenos, o mas bien, de los recuerdos, tormentos y lamentos. 2 Heridas abiertas Joshua Cuando te preguntan porque elegiste ser cirujano, la mayoria responde que es por el dinero y los lujos que puedes darte. En cambio, yo siempre respondo que es por el silencio al momento de estar dentro del quirofano pues ahi no hay lugar para tus lamentos ni recuerdos tormentosos, mucho menos interrupciones.

Por eso adoraba serlo ya que cuando estaba dentro acompanado de mis colegas, sosteniendo el bisturi o cortando a alguien abierto, encontraba paz, algo que perdi anos atras por imbecil e inmaduro. Le di el ultimo sorbo a mi cafe sin azucar y continue mi camino por los pasillos del hospital en busca de mi esposa, la Doctora Monroe, una excelente cardiologia que conoci en mi segundo ano de residencia en Louisiana. Mientras caminaba hacia su oficina, recorde mi primer dia como interno en Faith West, mi maestro era un gran dolor en el culo. Muy mandon, grunon, pero, a fin de cuentas, un perfecto ser humano capaz de ensenarte lo desconocido, y gracias a el puedo decir que mi carrera como neurocirujano habia ido floreciendo a lo largo de los anos, tanto que me obsequiaron un viaje por Mexico durante dos semanas, eso si fue sorpresa. El cambio en mi vida fue radical, intenso, de tener un poco de tiempo libre, ya no tenia ni tiempo para dormir y era exhausto. Pero cuando amas algo con devocion, el sueno es lo de menos ya que no hay nada mas gratificante y asombroso que hacer lo que mas te apasiona aun si tienes que sacrificar algunas cosas en tu vida cotidiana. Los meses transcurrian frente a mis narices dentro del hospital, a veces no llegaba a casa a dormir, mucho menos veia a Rodrigo, cielos, ni siquiera tenia tiempo para ir a ver a mi hermana y a mi sobrino, eso si me frustraba. Pero entonces llego aquella castana de ojos oscuros y cambio mi mundo, me ayudo a manejar mi tiempo, y, poco a poco, fuimos entablando una amistad que a lo largo del tiempo se convirtio en algo mas. No dire que mis tormentos desaparecieron por completo cuando contraje matrimonio, pero por lo menos eran mas manejables, menos intensos. Logre medio cerrar aquellas heridas abiertas. Entre a la oficina de la doctora y lo primero que mis ojos captaron fue a su enorme vientre abultado. Sonrei, se veia hermosa. --Por favor dime que aun no vas a comer --inquiri burlon, acercandome a ella con prisa, necesitaba saber que todo esto no era un simple sueno del cual despertaria tarde o temprano. No toleraria perderla a ella tambien. --No, Dr.

Lockwood, aun no he ido puesto que mi marido dijo que tenia una sorpresa para mi --sonrio, atando su cabello en una alta coleta--. Ademas, tuve una cirugia demasiado extensa que me previno de salir temprano. Ya sabe, las tipicas complicaciones en quirofano al ultimo momento. Esa era ella, una mujer que ponia primero su trabajo antes que su vida personal, y no me quejaba, tenia el gran privilegio de verla aqui en el hospital y en casa, eso ya era bueno, pero desde que supimos que seriamos padres, estar quieta era lo ultimo que hacia y considerando los riesgos del embarazo, a veces me daba miedo y no podia evitar sentirme frustrado. Tal vez era el karma haciendo de las suyas, pero por eso mismo procuraba darle sus vueltas durante el dia para asegurarme que todo estuviera bien. --?Nos vamos? --pregunte frotando su vientre. Samara bajo la mirada a mi mano y sonrio, parecia una nina pequena cuando lo hacia. Olvidando por un momento que la puerta estaba abierta, acune su mejilla con una mano y la bese. Sus labios sabian a chocolate, de seguro comio algunos panecillos que habia en la cafeteria a escondidas. A veces podia ser muy glotona. Nuestros labios se movieron al ritmo de una tortuga, asi, lento, con cuidado, la suavidad que brindaban esos colchoncitos rosados era mas de lo que alguna vez sone tener pues cuando pierdes algo preciado, lo ultimo que piensas es en poder revivir aquello apagado y con Sam, bueno, con ella comprobe que incluso con las cenizas restantes puedes encender un fuego intenso. Con ella logre encontrar las piezas que le faltaban a mi corazon, asi como tambien sanar aquellas que estaban rotas, sin reparacion. --Josh... la puerta esta abierta, carino --musito jadeante, perdiendo sus manos dentro de mi playera y trazando pequenos circulos con sus dedos en mi abdomen. Ahogue un gemido, amaba cuando hacia eso. --Ay Sam, que hare contigo --respondi burlon.

Salimos de su oficina algo alterados, pero felices de que por fin iriamos a comer esa deliciosa comida asiatica que tanto delirio nos habia provocado durante semanas enteras. Una vez en mi carro la ayude a abrocharse el cinturon puesto que con el enorme balon que se cargaba no podia doblarse tanto, y la verdad me gustaba hacerlo, eso me recordaba que pronto seria padre, que pronto mi princesa estaria entre mis brazos y haria lo que fuera por protegerla, por darle todo el amor y carino que necesitara. Habia dias donde me sentia un gran hijo de la chingada que no supo como luchar por sus otros hijos, por la mujer que amo, pero no podia hacer nada al respecto cuando Ethan me dejo en claro que jamas la buscara, que ella merecia ser feliz lejos de mi. Las noches en vela se convirtieron en costumbre al igual que llorar, no sabia que hacer, me sentia perdido, solo, extraviado en un mundo ajeno al que conoci. Incluso hubo dias donde me daba asco verme al espejo y todo porque cada que lo hacia recordaba lo imbecil que fui cuando decidi quedarme de brazos cruzados y ver como las tres personas mas importantes en mi vida se me resbalaban como agua de las manos. Yo debi seguirla, debi contactarla y suplicarle me perdonara, que seria el mejor padre para mis hijos y la mejor pareja que ella pudiera tener. ?Pero que sucedio? Preferi ir en la vida como si nada hubiese pasado, como si jamas hubiera embarazado a una mujer o la hubiera amado como lo hice. Y era doloroso ponerse a pensar las veces que la cague, primero Clau y el bebe que, por mis borracheras, termine alejando de nosotros, despues Katherine, que no tuve la paciencia suficiente para esperarla, para buscarla. Dios santo, !le puse una mano encima!, eso era algo que nunca olvidaria. Y ahora, ahora estaba perdido. ?Dicen que la tercera es la vencida, no? Esperaba con devocion no arruinar la nueva oportunidad que la vida me daba, si bien Samara comprendio mis sentimientos desde un principio, ella merecia que la cuidaran, que velaran por esa criatura que venia en camino, y no seria yo quien le rompiera el corazon, al menos no estaba en mis planes. Ya no deseaba lastimar a nadie mas. Llegamos al restaurante veinte minutos despues ya que quedaba algo retirado del hospital y habia algo de trafico en la carretera, aparque mi automovil en el primer estacionamiento que encontre y despues nos encaminamos al maravilloso local que tenia linternas rojizas colgando del techo en forma horizontal. Uno de los meseros nos guio hasta las mesas de fondo pues ahi podiamos observar la ciudad desde su angulo perfecto, en especial esa torre en forma de antorcha que mi mujer adoraba. .

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