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LIBRO MESTIZA PDF GRATIS

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Autor de la obra

Jennifer L. Armentrout

Este autor, JENNIFER L. ARMENTROUT, es reconocido dentro de esta rama sobre todo porque tiene más de un libro por los que es reconocido a nivel nacional, pero asimismo fuera de nuestras fronteras.

Es un gran conocedor de la temática, por eso entre los géneros literarios que normalmente acostumbra escribir está/n InfantoyJuvenil.

¿A qué categoría/s pertenece esta obra?

Esta obra puede clasificarse en cantidad de categorías, pero una de las más esencial es:
InfantoyJuvenil

Poco a poco más gente están decidiéndose por leer estos géneros, en los últimos años, el número de personas que adquiere libros que tienen mucha relación con estas categorías ha crecido considerablemente, hasta llegar a convertirse en uno de los géneros con más número de ventas en el mundo, y por eso mismo imaginamos que tienes interés en descargar de forma gratuita el libro.

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Este libro tiene de las que mejores proporciones calidad/precio tiene en las categorías: InfantoyJuvenil

Nota de los lectores

Este libro posee una puntuación puesta por personas entendidas, la nota de este libro es: 7,5/10.

Todo el mundo que han puesto nota esta obra son profesionales de este género y han leído MESTIZA online antes de dar su opinión, de esta manera, estamos 100 % seguros de que esta valoración es la idónea y por esta razón se la ofrecemos.

Resumen de MESTIZA

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Más información sobre el libro

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Resumen del libro

?Serias capaz de matar a quien amas? Los Hematoi provienen de la union entre dioses y mortales; y los hijos de dos Hematois de sangre pura tienen poderes divinos. En cambio, los hijos de Hematois y mortales, no. Los mestizos solo tienen dos opciones: entrenar para ser centinelas, cazando y matando Daimons, o convertirse en sirvientes en las casas de los puros. Alexandria prefiere arriesgar su vida luchando antes que limpiar retretes, aunque de todas formas, puede que termine en los barrios bajos. Hay reglas muy estrictas que los estudiantes del Covenant deben seguir. Alex tiene problemas con todas, pero especialmente con la regla numero 1: <>. Por desgracia, Alex se siente atraida por Aiden, un pura sangre irresistible. Aunque enamorarse de Aiden no es su mayor problema; mantenerse viva hasta su graduacion en el Covenant y llegar a ser centinela si lo es. Si no cumple con su deber, se enfrentara a un futuro peor que la muerte o la esclavitud: se convertira en un Daimon y Aiden sera su cazador. Y eso, no es nada bueno. <>. Leigh Fallon autora de Carrier of the Mark. Abri los ojos de golpe mientras el extrano sexto sentido hacia que mi adrenalina se disparara. La humedad de Georgia y el polvo que cubria el suelo me dificultaban la respiracion. Desde mi huida de Miami, ya no estaba a salvo en ningun lugar.

Y, al parecer, en aquella fabrica abandonada las cosas no iban a ser diferentes. Los daimons estaban alli. Podia oirlos en la planta inferior, buscando en cada sala, abriendo las puertas bruscamente y cerrandolas con fuertes portazos. El sonido hizo que mi mente retrocediera a dias atras, a cuando abri la puerta de la habitacion de mama. La encontre en los brazos de uno de esos monstruos, al lado de un jarron roto que contenia flores de hibisco. Los petalos morados repartidos por todo el suelo se mezclaban con la sangre. Aquel recuerdo hizo que se me retorcieran las entranas de dolor, pero en ese momento no debia pensar en ella. Me levante de un brinco y me quede quieta en el estrecho pasillo, escuche atentamente tratando de averiguar cuantos daimons habia. ?Tres? ?Mas? Los dedos me temblaban mientras sujetaba el mango de una pequena pala de jardin. La sostuve en alto, pasando los dedos por sus bordes afilados, chapados en titanio. Hacerlo me recordo que debia hacer. Los daimons no soportaban el titanio. A parte de la decapitacion --que era realmente asquerosa--, el titanio era lo unico que podia matarlos. Este metal precioso, llamado asi en honor a los Titanes, era venenoso para los adictos al eter. En alguna parte del edificio, un tablon del suelo crujio y cedio.

Un aullido profundo rompio el silencio, empezo como un suave gemido y acabo en un intenso nivel agudo. Sono inhumano, horrible y terrorifico. Nada en el mundo sonaba como un daimon, un daimon hambriento. Y estaba cerca. Me apresure por el pasillo, mis deportivas andrajosas golpeaban los tablones ajados. Llevaba la velocidad en la sangre, y mis mechones de pelo, largos y sucios, ondeaban tras de mi. Gire la esquina sabiendo que apenas disponia de unos segundos... Al agarrarme el daimon por la camiseta, una rafaga de aire rancio me envolvio, estampandome contra la pared. Polvo y yeso flotaron en el aire. Unos destellos negros me cegaron al ponerme en pie. Aquellos dos desalmados agujeros negros que tenia por ojos parecia que me miraban como si fuese un ticket restaurante. El daimon me agarro del hombro y deje que mi instinto actuase. Me di la vuelta viendo como la sorpresa se reflejaba en su palido rostro una decima de segundo antes de darle la patada. Mi pie golpeo el lateral de su cabeza. El impacto lo mando tambaleandose hasta la pared opuesta. Me gire, estampandole mi mano.

Su expresion de sorpresa del daimon se convirtio en terror cuando miro abajo y vio la pala clavada en lo mas profundo de su estomago. No importaba donde se clavaba. El titanio siempre mataba a los daimons. Un sonido gutural escapo de su boca antes de explotar y convertirse en polvo brillante de color azul. Con la pala aun en la mano, me di la vuelta y baje las escaleras de dos en dos. Ignore el dolor en mis caderas y sali corriendo. Iba a conseguirlo, tenia que conseguirlo. Estaria muy enfadada en el mas alla si moria en este tugurio y encima siendo todavia virgen. --Pequena mestiza, ?donde vas tan rapido? Me tropece cay endo hacia un lado sobre una gran prensa de acero. El corazon me golpeaba contra las costillas, era muy doloroso. El otro daimon aparecio unos pocos metros detras de mi. Al igual que el de arriba, este parecia un monstruo. Tenia la boca completamente abierta, me ensenaba sus afilados dientes aserrados y esos agujeros completamente negros que me daban escalofrios por toda la piel. No reflejaban luz ni vida, solo significaban muerte. Tenia las mejillas hundidas y la piel extremadamente palida.

Las venas le sobresalian, marcandole toda la cara como serpientes oscuras. Parecia algo salido de mi peor pesadilla, algo demoniaco. Solamente un mestizo podia ver mas alla de su encanto, pero solo por instantes. Inmediatamente la magia elemental volvio a ocultarlo, mostrandolo como antes. Me vino a la mente Adonis, un rubio de infarto. --?Que haces tan sola? --pregunto con una voz grave y atray ente. Di un paso atras mientras buscaba con los ojos una salida de la sala. El supuesto Adonis me bloqueaba el paso, sabia que no podia quedarme quieta mucho mas tiempo. Los daimons aun tenian control sobre los elementos. Si me golpeaba con aire o fuego estaba perdida. Rio, pero sin humor ni vida. --Quiza si suplicas, quiero decir, si me lo suplicas mucho; dejare que tu muerte sea rapida. La verdad es que los mestizos no me van, pero los pura sangre sin embargo... --dejo escapar un sonido de placer--, son como una cena de lujo. ?Los mestizos? Os pareceis mas a la comida rapida. --Acercate un paso mas y acabaras como tu companero de arriba.

Espere que sonara suficientemente amenazador. No fue asi precisamente. --Intentalo. Levanto las cejas. --Estas empezando a cabrearme. Ya has matado a dos de los nuestros. --?Llevas la cuenta o que? Mi corazon se paro al oir como el suelo crujia a mis espaldas. Me di la vuelta y vi a una daimon. Se acerco un poco, obligandome a acercarme al otro daimon. Me estaban acorralando, quitandome cualquier oportunidad de escapar. Otro grito en algun lugar. El panico y el miedo me golpearon. El estomago me dio un vuelco y los dedos me temblaron sobre la pala de jardin. Dioses, queria vomitar. El cabecilla avanzo hacia mi.

--?Sabes que voy a hacerte? Trague saliva y puse una sonrisa burlona. --Blah, blah. Vas a matarme. Blah, blah. Ya lo sabia. El grito hambriento de la daimon corto su respuesta. Obviamente tenia mucha hambre. Comenzo a dar vueltas a mi alrededor, como un buitre, lista para rajarme. Mis ojos se clavaron en ella. Los hambrientos eran siempre los mas estupidos, los mas debiles del grupo. La ley enda decia que probar por primera vez el eter --la fuerza vital que corre por nuestra sangre-- era lo que poseia a un pura sangre. Con solo probar un poco te convertias en un daimon y acababas adicto de por vida. Tenia posibilidades de esquivarla. Pero al otro... ese era otra historia. Hice el amago de ir hacia la daimon y ella vino directa hacia mi como una drogata buscando su dosis.

El daimon le grito que parase, pero ya era demasiado tarde. Sali corriendo en direccion opuesta, rapida como una corredora Olimpica, hacia la puerta que habia abierto esa noche. Una vez fuera, las apuestas estarian de nuevo a mi favor. Un pequeno atisbo de esperanza brillo y me empujo a lanzarme fuera. Ocurrio lo peor que podia pasar. Un muro de llamas se alzo frente a mi, ardiendo entre los bancos y levantandose casi dos metros. Era real. No era una ilusion. El calor me hizo retroceder y el fuego crepito, atravesando los muros. Frente a mi, el atraveso las llamas caminando, tenia toda la pinta de ser un cazador de daimons. El fuego no le chamusco los pantalones ni le ensucio la camiseta. No le toco ni uno solo de sus oscuros pelos. Aquellos ojos frios del color de una tormenta se clavaron en mi. Era el: Aiden St. Delphi.

Jamas olvidaria su nombre o su cara. La primera vez que lo vi en el campo de entrenamiento, me enamore estupidamente de el. Yo tenia catorce anos, y el diecisiete. El hecho de que el fuese un pura sangre no importaba cuando lo veia por el campus. La presencia de Aiden solo podia significar una cosa: los centinelas habian llegado. Nuestros ojos se encontraron y entonces el miro por encima de mi hombro. --Agachate. No hizo falta que me lo repitiese. Me tire al suelo como una profesional. Un ray o de calor me paso por encima, dando en el blanco. El suelo temblo por el violento golpe que dio al daimon, y sus gritos de dolor llenaron el aire. Aunque solo el titanio podia matar a un daimon, estaba segura de que ser quemado vivo no sentaba muy bien. Alce la cabeza, vi a traves de mi pelo sucio como Aiden bajaba la mano. Un estallido siguio al movimiento, y las llamas se extinguieron tan rapido como habian aparecido. En cuestion de segundos, solo quedo un olor a madera quemada, carne y humo.

Dos centinelas mas entraron corriendo en la sala. Reconoci a uno de ellos. Kain Poros: un mestizo que tenia un ano o algo asi mas que y o. Entrenamos juntos hacia mucho tiempo. Kain se movia con una gracia que antes no tenia. Fue a por la daimon, y con un movimiento rapido clavo una daga larga y delgada en su quemada carne. Ella tambien se convirtio en poco mas que polvo. El otro centinela tenia el aspecto de un pura sangre, pero nunca lo habia visto. Era grande --grande como si tomara esteroides-- y se centro en el daimon que y o sabia que estaba en algun lugar de aquella fabrica, pero que aun no habia visto. Viendo como movia un cuerpo tan grande de forma gracil me hizo sentir una incompetente, especialmente considerando que todavia estaba espatarrada en el suelo. Me levante sintiendo desvanecerse el subidon de adrenalina que me proporciono el miedo. Sin previo aviso mi cabeza exploto en dolor al golpear mi cara contra el suelo con fuerza. Aturdida y confusa, me llevo un momento darme cuenta de que el aspirante a Adonis me habia cogido por las piernas. Me retorci, pero el muy asqueroso hundio sus manos en mi pelo y tiro de mi cabeza hacia atras. Clave los dedos en su piel, pero bajo la presion que sentia en mi cuello.

Por un momento pense que queria arrancarme la cabeza de cuajo, pero clavo sus dientes afilados como cuchillas en mi hombro, pasando a traves de tela y carne. Grite, y tanto que grite. Estaba ardiendo --debia estarlo--. El drenaje de mi sangre me quemaba a traves de la piel; pinchazos agudos se extendian a traves de cada celula de mi cuerpo. Incluso a pesar de ser una mestiza, sin estar llena hasta arriba de eter como un pura sangre, el daimon continuo bebiendo mi esencia como si lo fuese. No era mi sangre lo que buscaba; beberia litros solo para llegar hasta el eter. Parecia que me iba a absorber hasta el alma. El dolor se apodero de mi. De repente, el daimon paro y se separo. --?Que eres? --Su voz susurraba arrastrando las palabras. No hubo tiempo ni de pensar en la pregunta. Me lo quitaron de encima y mi cuerpo se desplomo hacia delante. Me encogi, en una bola sucia y sangrienta, pareciendome mas a un animal herido que a cualquier cosa humana. Era la primera vez que me marcaban, que me drenaba un daimon. Por encima de los pequenos ruidos que yo hacia, oi un escalofriante crujido y luego unos chillidos salvajes, pero el dolor pudo con mis sentidos.

Empezo en los dedos, deslizandose hacia mi interior, donde aun me ardia todo. Trate de respirar, pero mierda... Unas manos me pusieron de espaldas con cuidado, apartandome los dedos del hombro. Mire a Aiden. --?Estas bien? ?Alexandria? Por favor, di algo. --Alex --dije casi sin respiracion--, todo el mundo me llama Alex. Se rio aliviado. --Esta bien. Vale. Alex, ?puedes ponerte en pie? Creo que asenti. Cada pocos segundos una punzada rapida de calor me sacudia todo el cuerpo, pero el dolor habia disminuido hasta ser una pequena molestia. --Vaya chasco. Aiden logro pasar un brazo alrededor mio, poniendome de pie. Me tambalee un poco mientras el me apartaba el pelo y revisaba los danos. --Dale unos minutos. El dolor desaparecera.

Levante la cabeza y mire alrededor. Kain y el otro Centinela estaban observando dos montones casi identicos de polvo azul. El pura sangre nos miro. --Esto deberian ser todos. Aiden asintio. --Alex, tenemos que irnos. Ahora. De vuelta al Covenant. ?Al Covenant? Sin tener todavia el control sobre mis emociones, me volvi hacia Aiden. Iba completamente de negro --el uniforme de los Centinelas--. Por un segundo, aquel enamoramiento infantil volvio a aflorar despues de tres anos: Aiden estaba sublime, pero la furia cubrio ese sentimiento absurdo. ?El Covenant estaba metido en esto, en mi rescate? ?Donde narices estaban cuando uno de los daimons se colo en nuestra casa? Dio un paso adelante, pero no lo vi a el; vi de nuevo el cuerpo sin vida de mi madre. Lo ultimo que sus ojos contemplaron en este mundo fue el horrible rostro de un daimon, y lo ultimo que sintio... me estremeci al recordar el desgarrador dolor de la marca del daimon. Aiden dio otro paso hacia mi. Reaccione con una respuesta nacida del dolor y la rabia.

Me lance hacia el con movimientos que no habia practicado en anos. Una cosa eran simples patadas y punetazos, pero un ataque ofensivo era algo que apenas habia aprendido. Agarro mi mano, me dio la vuelta y me dejo mirando hacia el lado contrario. En cuestion de segundos tenia mis brazos sujetos, pero todo el dolor y la tristeza afloraron, anulandome el sentido comun. Me incline, tratando de conseguir espacio suficiente entre los dos para dar una violenta patada hacia atras. --No lo hagas --advirtio Aiden con una voz falsamente suave--. No quiero hacerte dano. Respire con furia. Podia sentir la sangre caliente gotear por mi cuello, mezclada con sudor. Segui peleando, aunque la cabeza me daba vueltas, y que Aiden me sujetase con tanta facilidad solo hacia que mi mundo se volviese rojo de rabia. --!Wow! --grito Kain desde algun lado--. Alex, !nos conoces! ?No te acuerdas de mi? No vamos a hacerte dano. --!Callate! --Me libere de Aiden, esquivando a Kain y a Mister Esteroides. Ninguno esperaba que fuese a escaparme, pero es lo que hice. Llegue hasta la puerta de la fabrica, esquive los tablones rotos y sali afuera.

Mis pies me llevaron hacia el campo que habia al otro lado de la calle. Estaba hecha un lio. ?Por que estaba corriendo? ?Acaso no llevaba intentando volver al Covenant desde el ataque de los daimons en Miami? Mi cuerpo no queria hacerlo, pero segui corriendo a traves de las altas hierbas y arbustos espinosos. Por detras de mi sonaban unas pisadas fuertes, acercandose cada vez mas. Comence a ver borroso, el corazon me resonaba en el pecho, estaba tan confusa, tan... Choque contra un cuerpo duro, quedandome sin aire en los pulmones. Cai en un enredo de brazos y piernas. De alguna forma Aiden se anticipo y se llevo todo el peso de la caida. Aterrice encima de el y estuve alli un momento hasta que me tumbo, sujetandome sobre la aspera hierba del suelo. El miedo y la rabia estallaron en mi interior. --?Ahora? ?Donde estabais hace una semana? ?Donde estaba el Covenant cuando asesinaron a mi madre? ?Donde estabais? Aiden se echo hacia atras, con los ojos bien abiertos. --Lo siento. Nosotros no... Su disculpa me enfado aun mas. Queria hacerle dano. Queria que me dejara ir. Queria... Queria... No sabia que narices queria, pero no podia evitar gritarle, clavarle las unas y darle patadas.

Solo cuando Aiden apreto su cuerpo largo y esbelto contra el mio, pude parar. Su peso y la proximidad me dejaron inmovil. No habia ni un centimetro entre nosotros. Podia sentir las duras ondulaciones de sus abdominales contra mi estomago, podia sentir sus labios a tan solo unos centimetros de los mios. De repente, me vino una idea loca. Me pregunte si sus labios sabian tan bien como se veian... porque a la vista eran increibles. No era una buena idea. Tenia que estar loca --era la unica explicacion a lo que estaba pensando, y haciendo--. La forma en que le miraba los labios o querer desesperadamente que me besara --estaba mal por un monton de razones. A parte del hecho de que acababa de intentar arrancarle la cabeza, estaba hecha un desastre. La suciedad me cubria la cara hasta el punto de dejarme irreconocible; no me habia duchado en una semana y estaba segura de que apestaba. Asi de asquerosa estaba. Pero por el modo en que bajo la cabeza, realmente pense que iba a besarme. Todo mi cuerpo se tenso con ilusion, como esperando que me besaran por primera vez, aunque desde luego aquella no era la primera vez que me besaban. Habia besado a muchos chicos antes, pero no a el.

No a un pura sangre. Aiden se movio, apretando mas fuerte. Respire hondo y mi mente y a volaba a mil kilometros por segundo, pero sin arrojar nada util. Movio su mano derecha hacia mi frente. Se dispararon las alarmas. Murmuro una compulsion, rapida y en voz baja, demasiado rapido como para que pudiese adivinar que decia. Hijo de... Repentinamente, la oscuridad me invadio, sin proposito ni sentido. No se podia luchar contra algo tan poderoso y, sin poder decir mucho mas que una palabra de protesta, me hundi en sus oscuras profundidades. .

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