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Autor de la obra

Tana French

Este autor, TANA FRENCH, es reconocido dentro de esta rama sobre todo porque tiene más de un libro por los que es reconocido a nivel nacional, pero asimismo fuera de nuestras fronteras.

Es un gran conocedor de la temática, por eso entre los géneros literarios que normalmente acostumbra escribir está/n Policial.

¿A qué categoría/s pertenece esta obra?

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Policial

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Resumen de EN PIEL AJENA

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Resumen del libro

A pesar de haber abandonado hace algun tiempo la brigada de Homicidios, la detective Cassie Maddox recibe una llamada para acudir a la escena de un crimen en un bosque no lejos de Dublin. La razon para llamarla a ella es simple pero sorprendente: Cassie y la joven asesinada, Alexandra Madison, son practicamente como dos gotas de agua. Ante la ausencia de pistas, el asombroso parecido entre Cassie y la fallecida sera la base de un plan para intentar descubrir al asesino. La policia desmentira la muerte de Lexie Madison para que Cassie pueda suplantarla e irse a vivir a Whitethorn House, la mansion que fue el antiguo hogar de Lexie y que compartia con cuatro estudiantes universitarios, considerados los principales sospechosos del crimen. Cassie es consciente del peligro que corre al relacionarse con un asesino sin conocer su identidad, pero, a pesar de estar en guardia, no tardara en verse arrastrada por el misterio de saber quien era realmente Lexie y penetrar en su mundo. Algunas noches, cuando duermo sola, todavia sueno con Whitethorn House. En mis suenos siempre es primavera y una luz fria y penetrante quiebra la neblina del atardecer. Subo los escalones de piedra, llamo a la puerta con la magnifica aldaba de bronce ennegrecida por el paso del tiempo y lo bastante pesada como para sobresaltarte cada vez que repica, y una anciana con delantal y gesto habil e inflexible me franquea el paso. Luego vuelve a colgarse la gran llave oxidada del cinturon y se aleja por el camino de entrada, bajo el cerezo en flor, y yo cierro la puerta tras ella. La casa siempre esta vacia. Los dormitorios, desnudos y limpios. Solo mis pasos resuenan en las tablas del suelo, elevandose en circulos que atraviesan los rayos de sol y las motas de polvo hasta alcanzar los altos techos. Un perfume a jacintos silvestres entra por las ventanas, abiertas de par en par, y se funde con el olor a barniz de cera de abejas. La pintura blanca de los marcos de las ventanas empieza a desportillarse y un zarcillo de hiedra se abre camino sobre el alfeizar. Palomas torcaces holgazanean en el exterior.

En el salon, el piano de reluciente madera de castano esta abierto, tan deslumbrante que casi cuesta contemplarlo bajo los ray os de sol. La brisa agita las partituras como si de un dedo se tratara. La mesa esta servida para nosotros, hay cinco cubiertos. Han sacado la porcelana fina y las copas de vino de tallo alto, y la madreselva recien cortada trepa por un cuenco de cristal; la plata, en cambio, ha perdido su lustre y las servilletas de damasco recio estan polvorientas. La pitillera de Daniel ocupa su lugar presidiendo la mesa, abierta y vacia salvo por una cerilla consumida. En algun lugar de la casa, leve como el tamborileo de unas unas en los confines de donde alcanza mi oido, se oye algo: una refriega, susurros. Mi corazon casi deja de latir. Los otros no se han ido. Por algun extrano motivo, lo habia entendido mal. Solo estan escondidos; pero siguen aqui, por y para siempre. Me guio por esos ruidos apenas perceptibles y recorro la casa de estancia en estancia, deteniendome a escuchar a cada paso que doy, pero nunca soy lo bastante rapida: desaparecen como espejismos, ocultos siempre detras de esa puerta o en lo alto de esas escaleras. Una risita repentinamente sofocada, un crujido de la madera. Dejo las puertas de los armarios abiertas de par en par, subo los escalones de tres en tres, rodeo el poste de arranque de la parte superior de la escalera y vislumbro un movimiento con el rabillo del ojo: en el viejo espejo lleno de manchas que hay al final del pasillo veo reflejado mi rostro... riendo. 1 Esta es la historia de Lexie Madison, no la mia. Me encantaria explicarles la historia de una sin mezclarla con la de la otra, pero es imposible.

Antes pensaba que habia cosido nuestras vidas por los bordes con mis propias manos, que habia apretado bien las puntadas y que podia descoserlas cuando deseara. Ahora creo que siempre fue algo mucho mas profundo que eso, y mucho mas soterrado; quedaba fuera del alcance de la vista y tambien de mi control. Pero hasta aqui mi intervencion: eso fue lo unico que y o hice. Frank se lo achaca todo a los demas, sobre todo a Daniel, y me da la sensacion de que Sam cree que, por alguna razon siniestra y estrambotica, fue culpa de Lexie. Cuando yo digo que no ocurrio como ellos creen, me miran de soslay o y cambian de tema. Tengo la impresion de que Frank opina que padezco alguna variante espeluznante del sindrome de Estocolmo. A veces ocurre con los agentes secretos, pero este no es el caso. No intento proteger a nadie; no queda nadie a quien proteger. Lexie y los demas nunca sabran que les estan echando la culpa y, a decir verdad, no les importaria que asi fuera. Necesito que me den algo mas de credito. Es posible que otra persona repartiera la mano, pero yo la recogi de la mesa y jugue cada una de las cartas, y tenia mis motivos para hacerlo. Hay algo que deben saber acerca de Alexandra Madison: nunca existio. Frank Mackey y yo la inventamos hace mucho tiempo, una luminosa tarde estival en su oficina polvorienta en Harcourt Street. Frank pretendia infiltrar a algunas personas en el circulo de trafico de drogas que operaba en el University College de Dublin. Yo queria realizar ese trabajo, quiza mas de lo que he querido nada en toda mi vida.

El era una leyenda: Frank Mackey, con treinta y tantos anos y ya encargado de dirigir operaciones encubiertas; el mejor agente secreto que Irlanda habia dado, segun se comentaba, temerario e intrepido, un equilibrista sin red, siempre sin red. Se infiltraba en las cedulas del IRA y en bandas criminales como si entrara en el pub de la esquina. Me habian contado la misma historia mil veces: cuando Snake, un ganster profesional y un chiflado de cinco estrellas que en una ocasion dejo a uno de sus propios hombres tetraplejico por no pagarle una ronda, empezo a desconfiar de Frank y amenazo con descerrajarle una pistola de clavos sobre las manos, Frank lo miro directamente a los ojos sin pestanear. Era tal la seguridad que transmitia que acabo convenciendo de su inocencia a Snake, quien le dio una palmadita en la espalda y le regalo un Rolex falso a modo de disculpa. Frank todavia lo lleva. Yo era una novata; hacia tan solo un ano que me habia licenciado en la escuela de formacion profesional de Templemore. Un par de dias antes, cuando Frank hizo un llamamiento en busca de policias con estudios universitarios que pudieran pasar por veintitantos anos de edad, yo llevaba un chaleco amarillo fluorescente que me iba tres tallas grande y estaba patrullando en un pueblecito de Sligo donde la mayoria de los lugarenos se parecian inquietantemente entre si. Deberia haber estado nerviosa por el hecho de conocerlo, pero no era asi en absoluto. Tenia tantas ganas de que me asignaran aquel trabajo que no podia pensar en nada mas. La puerta de su despacho estaba abierta y el, sentado en el borde de su mesa, vestido con tejanos y una camiseta azul descolorida, hojeaba mi historial. Era un despacho pequeno en el que reinaba el desorden, como si lo utilizara sobre todo como almacen. La mesa estaba completamente vacia, sin ni siquiera una fotografia familiar; en los estantes, el papeleo se mezclaba con los CD de blues, periodicos sensacionalistas, una baraja de poquer y un cardigan rosa de mujer con la etiqueta aun colgada. Supe al instante que aquel tipo me gustaba. --Cassandra Maddox --dijo al tiempo que levantaba la mirada. --Si, senor --respondi.

Frank era de estatura media, fornido pero atletico; tenia los hombros anchos y el pelo castano muy corto. Yo esperaba encontrarme con alguien tan anodino que fuera practicamente invisible, alguien parecido al Fumador de Expediente X, pero aquel hombre tenia unos rasgos duros, rotundos, unos grandes ojos azules y esa clase de presencia que despierta pasiones. No era mi tipo, pero estaba segura de que llamaba la atencion de las mujeres. --Frank. El << senor>> reservalo para los que no levantan el trasero de la silla. Su leve acento delataba sus origenes en el casco antiguo de Dublin; era sutil pero deliberado, como un desafio. Se puso en pie y me tendio la mano. --Cassie --dije al tiempo que tendia tambien la mia. Senalo una silla y volvio a apoyarse en la mesa. --Aqui dice --comento mientras daba unos golpecitos con el dedo en mi historial-- que trabajas bien bajo presion. Tarde un segundo en entender de que hablaba. Cuando aun estaba en mi periodo de formacion me habian destinado a una zona en decadencia de la ciudad de Cork, donde habia conseguido disuadir a un adolescente en pleno brote esquizofrenico que amenazaba con rajarse la garganta con la navaja de su abuelo. Casi habia olvidado aquel episodio. Hasta entonces no se me habia ocurrido que probablemente fuera por eso por lo que me habian convocado para aquella mision. --Espero que asi sea --respondi.

--?Que edad tienes? ?Veintisiete? --Veintiseis. La luz que penetraba por la ventana incidia en mi rostro y Frank me observo con detenimiento, analizandome. --Podrias pasar por veintiuno sin problemas. Aqui dice que estudiaste tres anos en la universidad. ?Donde? --En el Trinity College. Psicologia. Arqueo las cejas con un mohin de sorna, como si simulara estar impresionado. --Vaya, vaya, asi que eres una profesional. ?Por que no acabaste la carrera? --Desarrolle una alergia a los acentos angloirlandeses desconocida por la ciencia --conteste. A Frank le gusto mi respuesta. --?Y el University College de Dublin no te provocara sarpullidos? --Tomare antihistaminicos. Frank se puso en pie de un salto y se acerco a la ventana, al tiempo que me hacia un gesto para que lo acompanara. --De acuerdo --dijo--. ?Ves a esa pareja de ahi abajo? Un chico y una chica caminaban por la calle mientras conversaban. Ella saco unas llaves y entraron en un deprimente edificio de apartamentos.

--Hablame de ellos --me pidio; se apoy o en la ventana, con las manos colgando del cinturon por los pulgares, sin apartar la mirada de mi. --Son estudiantes --conjeture--: van con mochilas y libros. Han estado comprando comida: llevan bolsas de Dunne's. La situacion economica de ella es mejor que la de el; su chaqueta es cara, mientras que el lleva un parche en los tejanos, y no porque este de moda. --?Son pareja? ?Amigos? ?Companeros de piso? --Pareja. Caminaban demasiado cerca para ser amigos e inclinaban su cabeza uno hacia el otro. --?Hace mucho que salen? Me agradaba aquella nueva forma de hacer discurrir mi cerebro. --Un tiempo, si --respondi. Frank arqueo una ceja en senal de interrogacion y por un instante no tuve muy claro como habia llegado a esa conclusion, pero luego se me ocurrio--. No se miran a la cara al hablar. Las parejas recientes se miran todo el rato, mientras que las que llevan mas tiempo saliendo no necesitan comprobar la expresion del otro con tanta frecuencia. --?Viven juntos? --No. De lo contrario, el tambien habria buscado sus llaves. La casa es de ella. Aunque comparte el piso al menos con una persona.

Ambos han alzado la vista hacia la ventana para comprobar si las cortinas estaban descorridas. --?Como va su relacion? --Bien. Ella lo ha hecho reir. La mayoria de los hombres no se rien con las bromas de una mujer a menos que esten en la fase de flirteo. El llevaba las dos bolsas de Dunne's y ella le ha aguantado la puerta para que pasara antes de entrar: se cuidan mutuamente. Frank asintio con la cabeza. --Buen trabajo. Tienes la intuicion de un agente secreto... y no hablo de toda esa patrana psicologica. Me refiero a observarlo todo y analizarlo incluso antes de saber que lo estas haciendo. El resto consiste en ser rapido y tener pelotas. Si vas a decir o a hacer algo, actuas con determinacion y conviccion plena. Si dudas de tu decision, estas perdida, posiblemente muerta. Estaras ilocalizable con frecuencia durante el proximo ano, tal vez dos. ?Tienes familia? --Una tia y un tio --conteste. --?Tienes novio? --Si.

--Podras contactar con ellos, pero ellos no podran contactar contigo. ?Crees que lo aceptaran? --Tendran que hacerlo. Frank seguia recostado tranquilamente en el marco de la ventana, pero percibi el destello incisivo de sus ojos azules: me observaba con atencion. --No estamos hablando de ningun cartel colombiano. Trataras sobre todo con los estamentos mas bajos, por lo menos al principio, pero debes saber que no se trata de una mision segura. La mitad de esta gente se pasa la mayor parte del tiempo colocada y la otra mitad se toma muy en serio lo que hace, lo que significa que ninguno de ellos tendria ningun problema en matarte. ?Te inquieta eso? --No --respondi sinceramente--. En absoluto. --Estupendo --replico Frank--. Pues vamos por un cafe y pongamonos manos a la obra. Tarde unos instantes en darme cuenta de que eso era todo: el puesto era mio. Esperaba una entrevista de tres horas y un monton de extranos tests con manchas de tinta y preguntas acerca de mi madre, pero Frank no trabaja asi. Aun no se en que momento tomo la decision de aceptarme. Durante mucho tiempo aguarde a que se presentara el momento oportuno para preguntarselo. Ahora ya no estoy segura de si quiero saber que vio en mi, que le dijo que yo serviria para esto.

Pedimos un cafe con sabor a chamusquina y un paquete de galletas de chocolate en la cantina de la comisaria y pasamos el resto del dia creando de la nada a Alexandra Madison. Yo le puse el nombre (<< Asi lo recordaras mejor>> , senalo Frank). Elegi Madison porque se parece lo bastante a mi verdadero apellido como para conseguir que vuelva la cabeza si lo oigo y Lexie porque, de pequena, ese era el nombre de mi hermana imaginaria. Frank saco una gran lamina de papel y trazo una cronologia de la vida de mi nuevo alter ego. --Naciste en el hospital de Holies Street el dia 1 de marzo de 1979. Tu padre, Sean Madison, es un diplomatico de bajo rango destinado en Canada. Este dato nos resultara util si tenemos que sacarte: recurririamos a una emergencia familiar y estarias fuera. Tambien indica que te has pasado la infancia viajando, lo cual explica que nadie te conozca. --Irlanda es un pais pequeno; siempre hay una amiga de un primo que fue a la escuela contigo--. Podriamos hacer que fueras extranjera, pero no quiero que finjas otro acento. Tu madre se llama Kelly Madison. ?De que trabaja? --Es enfermera. --No te precipites. Piensa mas rapido y sopesa todas las posibles implicaciones. Las enfermeras necesitan una licencia nueva en cada pais para ejercer.

Se formo como enfermera, pero dejo de trabajar cuando tu tenias siete anos y tu familia abandono Irlanda. ?Te apetece tener algun hermano o hermana? --Claro. ?Por que no? --conteste--. Me gustaria tener un hermano. Aquello tenia un punto embriagador. Sentia unas ganas irreprimibles de estallar en carcajadas ante la mera idea de la increible y mareante libertad que implicaba todo aquel asunto: ante mi se abria un horizonte de parientes, paises y posibilidades que podia seleccionar a mi antojo; podia elegir lo que quisiera, como haber crecido en un palacio en Butan con diecisiete hermanos y hermanas y un chofer personal. Me lleve otra galleta a la boca antes de que Frank se diera cuenta de que estaba sonriendo y pensara que no me tomaba nuestra labor en serio. --Como quieras. Tu hermano es seis anos mas joven, por eso sigue en Canada con tus padres. ?Como se llama? --Stephen. Mi hermano imaginario; de pequena habia tenido una vida de fantasia muy activa. --?Te llevas bien con el? ?Que aspecto tiene? Rapido, mas rapido --me apremio Frank al verme respirar hondo. --Es un sabelotodo. Loco por el futbol. Discute con nuestros padres constantemente, porque tiene quince anos, pero conmigo si que habla... Ray os de sol oblicuos iluminaban la madera rayada del escritorio.

Frank olia a limpio, a jabon y a cuero. Era buen maestro, un maestro maravilloso. Con su boligrafo negro fue garabateando fechas y lugares y eventos, y Lexie Madison emergio a la luz como una Polaroid, se desprendio del papel como una voluta y permanecio suspendida en el aire como el humo de una barra de incienso, una joven con mi rostro y una vida surgida de un sueno medio olvidado. << ?Cuando tuviste tu primer novio? ?Donde vivias? ?Como se llamaba? ?Quien dejo a quien? ?Por que?>> . Frank encontro un cenicero, saco un cigarrillo de su cajetilla de Play er's y me lo ofrecio. Cuando los destellos de sol abandonaron la mesa y el cielo empezo a oscurecerse al otro lado de la ventana, Frank dio media vuelta en la silla, agarro una botella de whisky de un estante y vertio unas gotas en nuestros cafes. --Nos lo hemos ganado --dijo--. !Salud! Creamos a una Lexie inquieta: una joven inteligente y culta, una buena chica a la que, sin embargo, no habian inculcado el habito de establecerse en un lugar y que no habia aprendido a hacerlo. Un tanto inocente e imprudente, demasiado dispuesta a contestar a todo lo que se le preguntase sin pensarselo dos veces. --Es un cebo --aclaro Frank sin rodeos-- y tiene que ser el cebo perfecto para que los camellos piquen. Lo bastante inocente para que no la consideren una amenaza, lo bastante respetable para que les resulte util y con ese punto de rebeldia necesario para que no se pregunten por que le apetece meterse en estos jueguecitos. Cuando acabamos, la noche habia caido ya. --Buen trabajo --me felicito Frank; doblo la cronologia y me la tendio--. Dentro de diez dias comienza un curso de entrenamiento para detectives; te conseguire una plaza. Luego regresaras aqui y trabajaremos juntos durante un tiempo.

Cuando comience el nuevo curso en octubre, te incorporaras al University College de Dublin. Descolgo su cazadora de cuero del perchero que habia en el rincon, apago las luces y cerro la puerta de aquel pequeno y oscuro despacho. Camine hasta la estacion de autobuses deslumbrada, envuelta en una nube magica, flotando en medio de un mundo nuevo y secreto, con aquella cronologia de mi vida crujiendo en el bolsillo de la chaqueta de mi uniforme. Todo habia sido tan rapido y parecia tan sencillo... No voy a detallar la larga y enmaranada cadena de acontecimientos que me llevo de trabajar como policia secreta a convertirme en agente especializada en violencia domestica. Me limitare a proporcionar la version abreviada: el principal camello de speed del University College de Dublin se puso paranoico y me apunalo; el hecho de haber resultado herida en cumplimiento del deber me reporto una plaza en la brigada de Homicidios; para pertenecer a Homicidios uno tenia que tener una cabeza muy bien amueblada y una gran fortaleza emocional, y lo deje. Llevaba anos sin pensar en Lexie y en su efimera y misteriosa vida. No soy de la clase de personas que vuelven la vista atras, o al menos intento con todas mis fuerzas no serlo. Lo pasado, pasado esta; fingir lo contrario es una perdida de tiempo. Pero ahora pienso que siempre supe que Lexie Madison tendria consecuencias. No se puede crear a una persona de la nada, dar vida a un ser humano con su primer beso, su sentido del humor y su bocadillo preferido, y luego esperar que se desvanezca en unas notas garabateadas y unos carajillos de whisky cuando ya no sirve para satisfacer su cometido. Creo que siempre supe que volveria en mi busca y que algun dia me encontraria. Tardo cuatro anos en hacerlo. Eligio el momento con sumo cuidado. Llamo a mi puerta a primera hora de una manana de abril, unos cuantos meses despues de que y o dejara de prestar servicio en Homicidios. En aquel momento, yo me encontraba en el campo de tiro.

El campo de tiro que utilizamos esta soterrado en el centro urbano, bajo la mitad de los vehiculos de Dublin y una densa capa de niebla. Yo no tenia por que estar alli (siempre he tenido buena punteria y no debia pasar la proxima prueba de aptitud hasta al cabo de unos meses), pero llevaba un tiempo despertandome demasiado temprano para ir a trabajar y demasiado inquieta para hacer otra cosa; descubri que las practicas de tiro eran lo unico que me templaba los nervios. Me tome mi tiempo para ajustarme los auriculares y comprobar el revolver; espere a que todos los demas estuvieran concentrados en sus propias dianas para que no me vieran galvanizandome con los primeros disparos como un personaje de dibujos animados electrocutado. El hecho de asustarse con facilidad viene acompanado de su propio set de habilidades especiales: uno desarrolla sutiles trucos para disimular y asegurarse de que los demas no lo adviertan. Al cabo de poco tiempo, si uno es de los que aprende rapido, puedes pasar el dia con la apariencia de un ser humano absolutamente normal. Yo antes no era asi. Siempre habia pensado que los nervios eran propios de los personajes de las novelas de Jane Austen y de las jovenes con voz de pito que nunca pagan las rondas; del mismo modo que no me habria puesto a temblar ante una situacion critica, tampoco habria llevado sales aromaticas en el bolso. Ni siquiera el hecho de que me apunalara el Diablo de las Drogas del University College de Dublin logro desconcertarme. El psicologo del departamento se paso semanas enteras intentando convencerme de que padecia un trauma profundo, pero al final se dio por vencido, tuvo que admitir que me encontraba bien (aunque a reganadientes; la verdad es que no recibe muchos polis apunalados con los que practicar y creo que le apetecia que yo padeciera alguno de esos curiosos complejos) y me permitio reincorporarme al trabajo. Para mi verguenza, lo que me hizo flaquear no fue un asesino en serie de primer orden, una crisis con rehenes con final tragico o un tipo agradable e introvertido que guardara organos humanos en su Tupperware. Mi ultimo caso en Homicidios, en realidad, fue sencillo, como tantos otros; nada me puso sobre aviso: una manana de verano encontraron el cadaver de una nina y mi companero y y o andabamos holgazaneando en la sala de la brigada cuando se recibio la llamada. Visto desde fuera, incluso salio bien. Oficialmente, resolvimos el caso en apenas un mes, libramos a la sociedad de un malhechor y todo quedo muy bien en los medios de comunicacion y en las estadisticas de final de ano. No se produjo ninguna persecucion espectacular en coche, ni tiroteos ni nada por el estilo. Yo fui la que salio peor parada, al menos fisicamente; resumiendo, solo me hice un par de rasgunos en la cara que ni siquiera me dejaron cicatriz.

En fin, un final feliz. Pero la procesion iba por dentro. Operacion Vestal: [1] pronuncie estas palabras ante cualquier agente de la brigada de Homicidios, incluso hoy, incluso a uno de los muchachos que no conocen toda la historia, y de inmediato le dedicaran esa miradita, esos gestos con las manos, y arquearan las cejas significativamente mientras se distancian de aquel fiasco y de sus danos colaterales. En todos los sentidos, perdimos, y perdimos a lo grande. Algunas personas son como pequenos Chernobil en cuyo interior brilla un veneno silencioso que se propaga lentamente: acerquese a ellos y con cada respiracion le iran destrozando por dentro. Algunos casos, puede preguntarselo a cualquier poli, son malignos e incurables, y destruyen todo lo que tocan. Yo sali de aquel con una sintomatologia que habria hecho que el loquero diera saltitos de alegria en sus sandalias de cuero, de no ser porque, gracias al cielo, a nadie se le ocurrio mandarme al psicologo por un par de aranazos en la cara. Los sintomas eran los propios de cualquier trauma estandar: temblores, falta de apetito, sobresaltos cada vez que sonaba el timbre de la puerta o el telefono, con algunos anadidos de mi propia cosecha. Perdi la coordinacion; por primera vez en mi vida tropezaba con mis propios pies, chocaba con los marcos de las puertas y me golpeaba en la cabeza con los batientes de los armarios de la cocina. Y deje de sonar. Antes de aquello, siempre habia sonado en torrentes desatados de imagenes: columnas de fuego que arrasaban oscuras montanas, enredaderas que hacian explotar ladrillos macizos, ciervos que brincaban en la play a de Sandymount atrapados en cuerdas de luz; pero despues de aquello me sobrevino un denso sueno negro que caia sobre mi como un mazazo tan pronto apoyaba la cabeza en la almohada. Sam, mi novio, pese a que la idea de tener novio aun siguiera asombrandome en ocasiones, me aconsejo que dejara pasar un tiempo y las aguas volverian a su cauce. Cuando le replique que y o no estaba tan segura, asintio con la cabeza sosegadamente y me aseguro que todo aquello pasaria. A veces Sam me sacaba de quicio. Sopese la tipica solucion de poli: darme a la bebida, temprano y con frecuencia, pero tenia miedo de acabar llamando por telefono a quien no debia a las tres de la madrugada para contarle mis penas, y ademas descubri que el tiro al blanco me anestesiaba casi con la misma eficacia y carecia de efectos secundarios engorrosos.

No tenia ningun sentido, a tenor de como estaba reaccionando a los ruidos fuertes en general, pero me parecio una buena solucion. Efectuados los primeros disparos, se me activaba un fusible en la parte posterior del cerebro y el resto del mundo desaparecia en algun lugar vago y distante; mis manos se volvian firmes como una roca sobre el arma y solo quedabamos yo y la diana de papel, aquel olor acre y familiar a polvora en el aire y mi solida espalda para absorber los culatazos. Salia de alli calmada y un tanto adormecida, como si me hubiera tomado un Valium. Para cuando el efecto se disipaba, ya habia concluido gran parte de otra jornada laboral y podia aliviarme dandome cabezazos por las esquinas en la comodidad de mi propio hogar. Llegue a un punto en que era capaz de hacer nueve dianas en la cabeza de cada diez disparos a una distancia de cuarenta metros, y el hombrecillo cubierto de arrugas que dirigia el campo de tiro empezo a mirarme con el ojo clinico de un adiestrador de caballos y a hacerme comentarios acerca de los campeonatos del departamento. Aquella manana termine alrededor de las siete. Me encontraba en el vestuario limpiando mi arma y dandole a la sinhueso con dos tipos de Narcoticos sin transmitirles la impresion de que queria ir a desayunar con ellos, cuando sono mi movil. --!Por Dios! --exclamo uno de los de Narcoticos--. Pero ?tu no trabajas en Violencia Domestica? ?Quien tiene energias para zurrar a su esposa a estas horas? --Uno siempre encuentra tiempo para las cosas verdaderamente importantes --respondi al tiempo que me guardaba la llave de mi taquilla en el bolsillo. --A lo mejor son los de Operaciones Secretas --dijo el tipo mas joven dedicandome una sonrisa--, en busca de agentes con buena punteria. Era un tipo grande y pelirrojo, y me encontraba mona. Tenia una musculatura envidiable y lo habia pillado comprobando si y o llevaba alianza de casada. --Les habran dicho que nosotros no estamos disponibles... --bromeo su colega. Saque el telefono de la taquilla. En la pantalla se leia << SAM O'NEILL>> y en una esquina parpadeaba el icono de << llamada perdida>> .

--Hola --salude--. ?Que ocurre? --Cassie --dijo Sam. Sonaba fatal, jadeante y enfermo, como si alguien le hubiera propinado un punetazo en el estomago--. ?Estas bien? Les di la espalda a los muchachos de Narcoticos y me refugie en un rincon. --Si, estoy bien. ?Por que? ?Que sucede? --!Por todos los santos! --exclamo. Emitio un chasquido, como si intentara aclararse la garganta--. Te he llamado cuatro veces. Estaba a punto de enviar a alguien a tu casa a comprobar si todo iba bien. ?Por que no contestabas al jodido telefono? Aquello era impropio de Sam. Es el hombre mas agradable que he conocido en toda mi vida. --Estoy en el campo de tiro --explique--. He dejado el movil en la taquilla. ?Que sucede? --Lo siento. No queria... Perdoname.

--Volvio a emitir aquel chasquido--. He recibido una llamada... sobre un caso. El corazon me dio un vuelco. Sam pertenece a la brigada de Homicidios. Sabia que probablemente lo mejor era que me sentara para escuchar lo que me iba a decir, pero era incapaz de doblar las rodillas. Apoye la espalda en las taquillas. --?De quien se trata? --pregunte. --?Que? No... No, no, por Dios, no es... Quiero decir, no es nadie a quien conozcamos. O, al menos, no lo creo... Escucha, ?te importaria venir? Recupere el aliento. --Sam --dije--. ?Que diantres ocurre? --Solo es que..., por favor, ?te importaria venir? Estamos en Wicklow, a las afueras de Glenskehy. Sabes donde esta, ?verdad? Sigue las senales viarias, cruza Glenskehy y continua recto hacia el sur. A poco mas de un kilometro hay un pequeno desvio a la derecha; ya veras la cinta policial. Nos encontraremos alli. Los muchachos de Narcoticos comenzaban a sentir interes.

--Mi turno empieza en una hora --replique--. Y eso es lo que tardare en llegar hasta alli. --Ya llamo y o de tu parte. Informare al departamento de Violencia Domestica de que te necesitamos. --Pero no me necesitais. Ya no estoy en Homicidios, Sam. Si se trata de un caso de asesinato, no tiene nada que ver conmigo. De fondo se oyo una voz de hombre, firme y con una forma peculiar de arrastrar las palabras, una voz relajada que me sonaba familiar, pero que no conseguia ubicar. --No cuelgues --dijo Sam. Sostuve el telefono entre la oreja y el hombro y empece a preparar el arma de nuevo. Si no era alguien a quien conocieramos, el tono de voz de Sam revelaba que debia de tratarse de un caso serio, muy serio. Los homicidios en Irlanda siguen siendo, en su gran mayoria, casos sencillos: ajustes de cuentas por drogas, robos que salen mal, crimenes pasionales (que algunos tildaban de << la misma mierda de siempre>> ) o las tipicas contiendas entre familias de Limerick que llevan decadas enfrentadas. Nunca nos habiamos tropezado con esas orgias de pesadilla que se dan en otros paises: ni asesinos en serie, ni llamativas torturas ni sotanos cubiertos de cadaveres como hojas caidas de un arbol en otono. Pero era solo cuestion de tiempo. En los ultimos diez anos, Dublin ha cambiado mas rapido de lo que nuestras mentes pueden asimilar.

La bonanza economica del Tigre Celta [2] nos trajo a demasiadas personas con helicoptero, a demasiadas personas hacinadas en pisos infestados de cucarachas, a demasiadas personas que afrontaron sus vidas en cubiculos fluorescentes, aguantando hasta el fin de semana para retomar sus rutinas de nuevo los lunes, y ahora el pais entero se fractura bajo su propio peso. Hacia el final de mi etapa en Homicidios lo vi venir: percibi el canto de la locura en el aire, la ciudad que se encorvaba y temblaba como un perro rabioso a punto de sufrir un ataque. Antes o despues, alguien tenia que protagonizar el primer caso de horror. Carecemos de psiquiatras especializados en trazar perfiles de asesinos, pero los muchachos de Homicidios, que en su gran may oria carecian de estudios universitarios y a quienes mi semititulo en Psicologia impresionaba mas de lo que debiera, acostumbraban a recurrir a mi. A mi me parecia bien; leo un monton de libros de texto y estadisticas en mi tiempo libre para estar al dia. El instinto de sabueso de Sam era mas fuerte que su instinto protector y me habria mandado llamar en caso necesario: por ejemplo, si llegaba a una escena del crimen y se topaba con un panorama desolador. --Espera un momento --dijo el pelirrojo. Habia abandonado todo el rollo de pavo real y ahora estaba sentado muy erguido en el banco--. ?Trabajabas en Homicidios? .

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