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LIBRO EL CORAJE DE LA SENORITA REDFIELD PDF GRATIS

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Autor de la obra

Ana R. Canil

Este autor, ANA R. CANIL , es reconocido dentro de esta rama sobre todo porque tiene más de un libro por los que es reconocido a nivel nacional, pero asimismo fuera de nuestras fronteras.

Es un gran conocedor de la temática, por eso entre los géneros literarios que normalmente acostumbra escribir está/n 2012 FICCION COMTEMPORANEA .

¿A qué categoría/s pertenece esta obra?

Esta obra puede clasificarse en cantidad de categorías, pero una de las más esencial es:
2012 FICCION COMTEMPORANEA

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Nota de los lectores

Este libro posee una puntuación puesta por personas entendidas, la nota de este libro es: 7,5/10.

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Resumen de EL CORAJE DE LA SENORITA REDFIELD

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Una fria manana de enero de 1962 llega a la casa de dona Lily, duquesa de Penalara y uno de los puntales de la sociedad madrilena, Elsa Redfield, una joven inglesa que ha sido contratada como nanny para el mas pequeno de los nietos de la aristocrata.

Más información sobre el libro

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Resumen del libro

Olia a musgo y a madera humeda, a setas y a duendes. Kensington Gardens estaba desnudo, como sus arboles. Solo algunos abetos manchaban de verde entre las ramas peladas de los abedules, las encinas y los robles. Nubes blancas y panzonas cruzaban a toda velocidad el cielo, que lucia como fondo de tantos brazos retorcidos. Londres estaba limpio gracias al viento que habia barrido la ciudad despues de varios dias de lluvia. Elsa caminaba hacia el puente de Le Serpentine detras de las dos Beryl: Beryl Grande y Beryl Pequena. Asi las distinguia desde que tenia uso de razon. Miro hacia las ramas que se abrazaban por encima de su cabeza. Febrero era un mes desagradable para la mayoria de la gente, pero a ella le gustaba. La tierra acogia con ganas las ultimas y cada vez mas escasas nieves y el agua la empapaba por debajo de la capa de hierba, dispuesta a alimentar el suelo. Elsa y su madre aprovechaban ese mes para sembrar bulbos en su casa de Saint Helier, su ciudad, su lugar en el mundo, el unico que habia conocido hasta hacia poco tiempo. Ahora, sin embargo, ya sabia que lo que para ella era un lugar enorme comparado con los pequenos pueblos de su isla de Jersey -- solo habia estado en Saint Ouen y en Saint Peter para visitar a algun familiar lejano-- parecia un barrio mas que modesto al lado de la grandeza de Londres. Pero era su hogar. Alli, pronto florecerian los narcisos, luego los iris, despues las primulas. Su madre amaba las flores.

El ano anterior, cuando ya los ultimos nazis abandonaban las islas y pese a que mayo estaba avanzado, madre e hija se afanaron en recuperar el pequeno jardin de su casita en un vano intento de regresar a la normalidad, como si Eddie y su padre estuvieran a punto de volver. A Elsa le gustaba cavar en la tierra humeda y olerla, mancharse el impermeable y las botas de barro. Mientras sembraba, se aplacaba el apetito que arrastraba tras los dos ultimos anos de hambruna vividos al final de la ocupacion. En mas de una ocasion habia estado tentada de probar a que sabia cada bulbo, ahora que volvia a tenerlos en sus manos. La sensacion de vacio en el estomago era una herencia que se habia instalado en ella para toda la vida. O eso pensaba. Dispusieron pequenos setos de flores de una sola especie y color, tanto en la parte delantera como en el patio trasero, donde dejaron un buen cuadrado para replantar el pequeno huerto. Patatas, judias, lechugas, coles y plantas aromaticas: el romero, el tomillo y la lavanda que llenaban de aromas toda la isla, imponiendose muchas veces al olor del mar. Desde hacia siglos, aquellos campos eran generosos con sus habitantes gracias a las suaves temperaturas. A pesar de que todo aquello permanecia muy vivido en su memoria, a Elsa le gustaba estar en Londres y que Beryl Grande la llevara de visita a la casa de los generosos senores Salas en el elegante barrio de Kensington. Esa misma manana habia desayunado alli huevos, mantequilla, leche fresca y pan. Los Salas eran la familia espanola para la que trabajaba Beryl Grande en ese momento. Hacia un ano que habia dejado su puesto en el hogar de los Adams, al enviar a Beryl Pequena al internado nada mas acabar la guerra, cuando regresaron las dos Beryl de Saint Helier. Beryl Pequena ya tenia edad mas que avanzada para marchar al colegio: la guerra lo habia retrasado todo. Elsa detuvo sus pensamientos para poner sumo cuidado en no meter sus zapatos relucientes --los de los dias festivos y las visitas-- en el barro que anegaba la orilla del camino.

Observaba admirada a uno y otro lado del parque. !Que poderosa era la naturaleza! Nadie habria dicho que tan solo un ano antes aquellos hermosos jardines habian acogido las baterias antiaereas y los radares. Se lo habia contado Beryl Grande al entrar en el parque. Debio de ser terrible todo lo que sucedio en Londres durante la contienda, pero ella y las Beryl en Jersey tambien habian sufrido lo indecible... !Las Beryl! Alli estaba su querida Beryl Hibss en lo alto del puente de Le Serpentine discutiendo con Beryl Pequena. Adivinaba que se estaban peleando por el gesto contenido de la mayor y la cara desafiante de la senorita Adams. Freno el paso al pie del puente, con la esperanza de que la situacion entre ambas se relajara. No estaba dispuesta a que un dia tan especial, y mucho menos despues del madrugon que se habian dado para llegar a tiempo a buscar a Beryl Pequena al internado, se fuera al traste por las impertinencias de su amiga. <>, reflexionaba Elsa, levantando y bajando su mirada alternativamente del suelo lleno de charcos que no queria pisar hasta las dos mujeres que discutian sobre el puente. Beryl Pequena llevaba una falda plisada verde hasta debajo de la rodilla, un chaqueton de color teja de doble botonadura con los bolsillos cortados al bies y unos zapatos sin cordones y medio tacon, con medias, en vez de con calcetines hasta la rodilla. Llevaba los rizos rubios sujetos con una cinta del mismo color que la falda. <>, habria pensado Elsa si hubiera conocido el significado de la palabra. Elsa habia aflojado sus pasos tanto que no se percato de que estaba inmovil al pie del puente. La escena entre las Beryl la tenia hipnotizada. Sus ojos se quedaron clavados en la mano enguantada de Beryl Pequena.

La tenia extendida por encima de la barandilla y entre los dedos indice y pulgar sujetaba algo. ?Seria lo que ella creia que era? Elsa tenia seis anos cuando una luminosa manana de finales del mes de junio de 1940 su hermano Eddie la invito a subir en su flamante camioneta para ir a Port Elizabeth. Iban a recoger a su novia, Beryl, que llegaba a la isla con su pupila para pasar unas cortas vacaciones. Nada podia entusiasmar mas a Elsi que ir en compania de Eddie, su unico hermano, a cualquier sitio. La diferencia de edad entre los dos era un acicate para que el grandullon Eddie la tratase como si fuese casi una hija. Desde que tenia uso de razon, la nina se habia sentido mas comoda con su idealizado hermano y su novia que con sus padres. No terminaba de entender por que sus progenitores eran tan mayores. Cada vez que Beryl volvia a la isla comenzaban para Elsi unos dias diferentes, repletos de aventuras y nuevas lecturas. Cuando Eddie se iba a trabajar, la pequena se quedaba todo el dia en casa de Beryl --que era la hija de los vecinos de toda la vida--. La ayudaba y, jugando, esta le ensenaba todo aquello que formaba parte de su trabajo. Beryl era una nanny buenisima, de las autenticas: cuidaba y educaba a los ninos de las casas mas importantes de Londres, como la de los Adams. Habian transcurrido seis anos desde aquel dia en que se subio a la camioneta con Eddie. Seis anos que podian significar seis siglos. Elsa, clavada a pocos metros del lago, miro a ambas mujeres. Sus semblantes eran muy diferentes a los que tenian la primera vez que las vio juntas.

Beryl Pequena estaba a punto de cumplir dieciseis anos y poco tenia que ver con la nina que habia bajado del barco que habia atracado en Port Elizabeth. Aquel dia, Elsa primero reparo en Beryl Grande, que descendia por la pasarela con un vestido camisero de color claro, con su pelo moreno recogido y tan firme como siempre. Le parecio que estaba muy guapa. Solo con verla, Elsi se sentia mas segura. Era su referente, la madre que le hubiera gustado tener. Se convertiria en su cunada muy pronto, porque ella y Eddie habian logrado reunir algo de dinero. A sus veintiocho anos, y despues de doce de novios, lo tenian todo preparado para casarse en cuanto Beryl Pequena fuese al colegio. Eso sucederia a la vuelta de ese verano, porque la senorita Adams ya tenia sus diez anos bien cumplidos y era hora de que continuase el camino de sus otros hermanos estudiando en un prestigioso internado, por mas que a ambas Beryl les costara separarse. Precisamente, esa era la razon por la que los senores Adams habian dejado que nanny y pupila pasaran juntas unos dias en el hogar de los Hibbs. Luego, Miss Hibbs se despediria de los Adams para contraer matrimonio despues de casi diez anos a su servicio. Quiza era esa perspectiva de futuro inmediato y prometedor la que le daba aquel aspecto radiante a Beryl mientras bajaba del barco llevando de la mano a otra personita tan radiante como ella. O eso es lo que penso Elsi, quien al reparar en aquella nina, mas alta y mayor que ella, se dijo que era identica a la Bella Durmiente. O a Wendy. Si, seguro que aquella figura que se recortaba sobre un mar y un cielo que se fundian en un solo color era la protagonista de todos los cuentos que le habia leido Beryl. Vestia un traje blanco por encima de la rodilla, sobre unos pololos tambien blancos rematados con puntillas y llevaba un sombrero de paja con una cinta azul, a juego con sus ojos.

Elsi se dijo que quiza era la Alicia del Pais de las Maravillas. Penso que estaba en lo cierto cuando la tuvo enfrente y la pequena le hizo una pequena reverencia mientras se presentaba. --Hola, yo soy Beryl, pero Beryl Adams. Ella es mi nanny, Beryl Hibbs. Me pusieron el mismo nombre que a ella porque mi mama dice que nanny se lo merece todo. Supongo que tu debes de ser Elsa. ?Como estas? Seguro que sabes que yo soy la nina de nanny. Estoy encantada de conocerte. Y sabras que soy la mayor, puesto que tu solo tienes seis anos. Beryl y Eddie, que abrazaba con ternura a su novia, rieron con ganas ante el repertorio educado y algo cursi de la nina londinense. Beryl Grande se agacho para dar un beso a Elsa y le acaricio el pelo. --Hola, Elsi, querida. ?Que te parece mi Beryl? Saludala, sereis buenas amigas. Lo vamos a pasar muy bien juntas. Elsa estaba hechizada, dilucidando aun de donde se habria escapado aquella criatura llegada de Londres en barco.

Pero ella tambien era muy educada. Miss Hibbs le habia ensenado a serlo. --Bienvenida a Saint Helier, senorita Beryl. Yo tambien estoy encantada de conocerte. ?Cuantos anos tienes tu? --pregunto Elsi, no sin cierta inquietud por la rapidez con que la princesa se habia impuesto alardeando hasta de su edad. --Ya veo que nanny no te ha dicho que a una dama nunca se le pregunta la edad, pero te perdono. Tengo diez. !Como me gustan tu pelo rojo y tus pecas! El comentario sobre su pelo fue un balsamo para Elsi, que se callo justo a tiempo para no replicarle a la primera parte de su respuesta. Si era de mala educacion preguntar la edad, ?como es que ella sabia la suya? Seguro que se la habia preguntado a Beryl. --Cogeos de la mano y seguidnos, por favor. Elsi sabe donde esta la camioneta --dijo Eddie. Contenta de poder ensenarle el camino, Elsi le dio la mano a su companera, que le sacaba media cabeza, y avanzaron entre las gentes que seguian en el muelle charlando, con las maletas y las cajas a sus pies, saludando a quienes les habian ido a buscar o esperando el coche que iria a recogerlos. Habian llegado muchos visitantes: era el principio del verano y la isla mas grande del Canal a un paso de Francia y un poco mas lejos de su pais, Reino Unido, era un lugar paradisiaco gracias al clima, a sus escarpados acantilados y a sus playas. Las islas, desde siempre, habian tenido vida propia. Las ninas intimaron en cuanto se acomodaron en la parte trasera de la camioneta y Elsi comenzo a explicar a Beryl cada lugar por el que pasaban, cada rincon, cada granja y sus animales, cada clase de sembrado o de arboles.

Con benevolencia de hermana mayor, Beryl asentia, corrigiendo de vez en cuando lo que la nina le decia. --Esa flecha que me dices, que indica de donde viene el viento, se llama veleta, Elsi. La pequena asimilaba la informacion y sonreia con cierto agradecimiento a la mayor, que al menos no se atrevia a corregirla en el nombre de las granjas o los acantilados, algo que a menudo se empenaban en hacer los adultos. Aquel par de cabecitas, una tan dorada y llena de encantadores tirabuzones, la otra rizada y pelirroja como las llamas, estaban muy lejos de adivinar lo largo que iba a resultar aquel verano de 1940. Tan solo unos dias despues, las tropas de Hitler invadieron Jersey y el resto de las islas del Canal. Lo que iban a ser unas felices vacaciones antes de la separacion definitiva entre la nanny y su pupila se transformaron en cinco anos de circunstancias dramaticas pero tambien de buenos recuerdos en la memoria de las ninas y de la nanny, que ejercio como madre de ambas durante toda la ocupacion. La nanny solo fracaso en una cosa: en hacerles llegar a los Adams el mensaje de que su nina estaba a salvo. Las comunicaciones entre las islas del Canal y Londres se hicieron practicamente imposibles durante esos cinco anos. Los buenos senores envejecieron mas rapido que durante cualquier otra epoca de su vida, pensando que quiza su querida hija y la nanny estaban muertas. Al inicio del conflicto, pese a la cantidad de armamento y al elevado numero de soldados nazis que se instalaron en las islas, ni los mas pesimistas pronosticaron que la pesadilla de la ocupacion fuera a durar tanto tiempo. Por eso, por falta de imaginacion, Beryl no embarco rapidamente para regresar a Londres, pensando que en las islas estarian mas seguras que en la capital. Volverian cuando terminara el verano. Y asi pasaron cinco veranos. Elsa volvio a la realidad de Kensington Gardens al oir el tono desafiante de Beryl Pequena. --Vamos, nanny, cogelo.

Haz un barquito con el billete y tiralo al agua. Nunca me dejaste hacer esto y solo es un papel. Dame el gusto de ver como lo haces tu. Es mi regalo de visita... La voz de la joven era picara. Sujetaba a su nanny por un brazo en el centro del puente y con la otra mano le mostraba el billete. Lucia una risita entre divertida y cinica que ensenaba sus dientes perfectos al tiempo que un destello de burla surcaba sus ojos azules. Durante unos segundos, la nanny miro perpleja a su nina. Fue una fraccion de segundo, luego recupero la compostura. --Pero, Beryl... --empezo quejumbrosa, para de inmediato modificar el tono de voz--, no me puedo creer que estes diciendo en serio que quieres ver como un billete cruza el puente... Es repugnante. Mucha gente podria comer varios dias con ese dinero. Aun hay hambre. --Es mi dinero, nanny. Me lo ha regalado mi madrina. ?Es que ni hoy me vas a dar ese capricho? --No. Ni hoy ni nunca, aunque me estropees el dia.

Llevo semanas esperando verte y Elsa tambien, pero no voy a consentir tonterias. --Por eso, porque llevas tiempo sin verme, podrias hacer algo que este mal. Tu me leias el libro, entonabas aquella voz. ?Cuantas veces te pedi que me dejaras tirar un billete a Le Serpentine para que lo encontrara Peter Pan? Mira. Elsa llego hasta ellas en el momento en que Beryl Pequena abria la mano y sus dedos enguantados dejaban caer al agua el billete convertido en un barquito de papel. Lo habia doblado con una destreza asombrosa mientras hablaba con su nanny. Entre carcajadas y sin hacer caso de las exclamaciones de ambas, la joven se asomo al otro lado del puente para esperar a que el barco-billete apareciera. Alli estaba, rodeado de hojas amarillas, las ultimas que el viento de febrero habia arrojado al agua. Con la mano cubriendose la boca, Elsa observaba atonita a la nanny y a quien aun creia su amiga de juegos. Por un segundo penso que Beryl iba a abofetear a su antigua pupila, a su nina del alma, que la miraba arrogante. Pero se limito a mirar su bello rostro. Apreto los labios, cogio a Elsa del brazo y dio la espalda a la adolescente, que las dejo marchar sin borrar la sonrisa de sus labios. --Vamonos, Elsa. Creo que me he equivocado de lugar y de persona. Vayamos a tomar algo y luego te acompano al barco para que regreses a casa.

Beryl y Elsa se encaminaron hacia la salida de Kensington Road casi al trote, el ritmo que imponia Beryl mientras murmuraba por lo bajo. Estaba avergonzada. Elsi era mucho mas madura que aquella insensata que habia criado, quiza con exceso de mimos. La hermana de su amado Eddie se portaba como si tuviera dieciseis anos y la pequena de los Adams como si tuviera doce. ?En que se habia equivocado ella? Elsa creyo entender <> entre los susurros de la nanny. Sintio ternura hacia Beryl mientras una oleada de rencor contra la consentida jovencita le subia desde lo mas profundo del estomago y le recorria el cuerpo. Temio quemar el pano de su digno y gastado abrigo azul marino, que habia heredado hacia tiempo de Beryl Pequena gracias a la nanny. Incluso podria abrasar la mano con la que Beryl Hibbs la sujetaba del brazo. Mientras mantenian el paso rapido, Elsi intento controlar su rabia, pero se le habia clavado en el alma la cara perpleja de Miss Hibbs cuando la muchacha solto el billete. La ira se convirtio en un nudo en la garganta. ?Como podia hacer eso aquella criatura a la mujer que le habia cogido en brazos nada mas nacer? ?A Beryl, que la habia criado y era una mas en casa de los Adams? La senora Adams, consciente de que aquella seria su ultima hija, de lo dificil que habia sido el parto y de la entrega con que la nanny habia estado junto a su cabecera todo el tiempo, decidio bautizar a la recien nacida igual que la ninera. Ademas, era una muestra de agradecimiento a los desvelos de aquella mujer con su familia. Ni a sus padres ni a su suegra les gusto el gesto, un tanto desacostumbrado, pero la senora Adams era diferente. Por esas y por otras razones, hasta esa manana, Elsa habia creido que Beryl era mucho mas que una simple nanny para la nina. Controlado el golpe de indignacion que habia transformado su cara llena de pecas en un tomate maduro, Elsa se paro en seco en mitad de Broad Walk y miro a su amiga.

--Basta ya. No vamos a ir tan deprisa. No va a venir y no nos va a amargar el dia esa estupida. --Por Dios, Elsi, no hables asi. Te pareceras a ella. --Es bastante menos de lo que tu has venido murmurando. Y es estupida. --No lleva mas que un curso en el internado y creo que no nos lo perdona ni a sus padres ni a mi. --A sus padres, de acuerdo. Pero a ti, ?que te tiene que perdonar? No la disculpes. No voy a consentir que te trate asi. Tu no se lo has consentido nunca a nadie... En aquel momento, Elsa habia dejado de ser una nina para transformarse en una adolescente madura, algo impropio de su edad si no hubiera sido por su inteligencia y por las historias que habia vivido, penso la nanny mientras la miraba sorprendida. La joven habia hecho un enorme esfuerzo para deglutir el nudo que le atenazaba la garganta. Beryl era su norte desde hacia anos y por primera vez habia sentido que su idolo era una persona vulnerable ante una mocosa estupida. Escucharon unos pasos a la carrera detras de ellas... --Sabia que vendria, que se arrepentiria --murmuro Miss Hibbs sin volverse para comprobar si los pasos rapidos que oia eran los de Beryl.

--Me da igual. Despues de como se ha portado... Es una maleducada y una grosera, una malcriada... Elsa no pudo continuar porque la cabellera rubia atada con cinta verde les paso por la izquierda como una exhalacion y de repente se empotro en los brazos de Beryl, escondiendo su cara en el cuello del abrigo y sacudiendo su cuerpo con fuertes sollozos. --Perdoname, nanny, por favor. Soy horrible. No se por que he hecho eso. Estoy tan contenta y tan disgustada de verte... --Vamos, senorita, contengase ya. Esta dando un espectaculo. ?Que pensara la gente? --dijo la nanny poniendose seria. --?Lo ves, Beryl? Siempre me exiges que sea firme. El internado es peor aun que tu. Estoy harta de contenerme, de comportarme, de ser formal... Estos tiempos ya no son como los tuyos. Elsa saco un panuelo blanco de su bolsillo y se lo tendio a aquella Beryl llorosa que ahora si se parecia en algo a la nina que ella habia conocido. --Suenate. Si prefieres seguir con esta rabieta, alla tu. Que todo el mundo se entere de como eres y de como piensas.

--Elsi, por favor, no me trates asi y dame un abrazo. --Estabas haciendo el tonto con un billete --espeto Elsa, sin retirar el tono de reproche de su voz--. Y mira que cara te has puesto. Espero que no nos encontremos a ningun vecino o a alguno de esos muchachos que te pretenden. Beryl se echo a reir pese al tono de su amiga. Estaba sorprendida por sus palabras, habia crecido y madurado mucho. Tras mirarse unos segundos, se abrazaron. Miss Hibbs permanecia seria, pero observaba con indisimulado orgullo a Elsa. --Por favor, no os riais a carcajadas. Estais llamando la atencion. Pareceis dos crias. --Es lo que somos, nanny. Y ahora que me has perdonado, vayamos andando hasta la estatua de Peter Pan. ?Te apetece, Elsa? Y me cuentas algo de tu escuela. Desde luego, seguro que es mejor que mi internado.

Al menos, estas con tu madre. ?Como esta? --Callada, como siempre. Pensando cada dia mucho en Eddie y poco en mi padre --respondio Elsa ya sin rencor en su voz--. Estamos plantando los bulbos en el jardin y eso nos distrae. Y mi escuela no se si es mejor que tu internado, pero han vuelto muchos ninos de los que no me acordaba. Sin transicion, Elsa habia pasado de compadecer a su amiga Beryl Hibbs a trasladar identico sentimiento de compasion hacia Beryl Adams. Desde nina, la pequena Beryl habia sido una criatura con la cabeza llena de aire. Elsi pensaba que la cabeza de las mujeres podia estar rellena de una masa ligera, suave y bien hecha, como las que sabian hacer su madre y Beryl Grande, que, al templarse, daba lugar al mejor hojaldre del mundo, tierno y lleno de recovecos donde se escondian soluciones y recursos para todo en la vida. O bien el cerebro femenino podia ser un globo hendido en dos partes por un fino hilo, dentro solo lleno de aire o de humo. Cada vez que el aire salia fuera de esos cerebros-globo era para lanzar una estupida carcajada o un suspiro bobo de amor. Si, la cabecita de Beryl Adams era de aire, por eso flotaba bajo su hermoso cabello. ?Y sobre la cabeza de los chicos? Sobre el cerebro masculino, la muchacha aun no tenia un criterio muy claro, pero, desde luego, si se tenia que regir por lo que habia visto en su padre, debia de estar repleto de lava volcanica que se convertia en solida roca inamovible, incapaz de adaptarse a las circunstancias imprevistas. Eso era lo que habia visto en su padre durante la ocupacion de Jersey. Por el contrario, la cabeza de su hermano habia bullido con aire caliente, con una mezcla de arrojo y de miedo. Y de su escasa experiencia con los chicos, no sabia que pensar de ellos.

No hacia mucho que uno de los que se empenaban en que se quedara a jugar despues del colegio en vez de ir a ayudar a su madre la llevo hasta el almacen de las afueras del pueblo, porque la senorita Teckel, la maestra, queria unas semillas que se suponia que el padre de su amigo tenia alli guardadas. Regresaron sin las semillas, que nunca encontraron, y sin hablarse. El chico traia aun la cara marcada con los dedos de Elsi. Ya habian llegado al pie de la estatua de Peter Pan, alla donde Beryl Pequena habia dirigido sus pasos. Las dos chicas habian ido todo el camino charlando, mientras Miss Hibbs mantenia la rigidez que se correspondia con el comportamiento absurdo, sentimental y fuera de lugar de su adorada nina. Elsa se giro. --Beryl, anda, perdonala --pidio--. Ya se que se ha portado fatal, pero nos quedan apenas un par de horas antes de volver a separarnos. ?Te acuerdas de alguna de las historias que contabas sobre lo que le dicen estas dos hadas cotillas a la ardilla? Mientras hablaba, Elsa se habia vuelto a acercar a Beryl Pequena. Miss Hibbs las observaba con gesto meditabundo. Tenian casi la misma estatura, aunque Elsa parecia mas flaca que Beryl, que ya tenia cuerpo de mujer. Cabeza de nina sobre cuerpo de mujer, se dijo la nanny, ignorando que Elsi habia tenido una ocurrencia parecida, sin duda influenciada por sus conversaciones. Beryl tambien rogo. .

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ana r canil

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